Diputados aprueban prohibir la doble nacionalidad para presidentes y gobernadores; va al Senado
Con 334 votos a favor, la Cámara de Diputados envía al Senado una reforma que limitaría el acceso a los cargos ejecutivos a quienes tienen dos nacionalidades
La Cámara de Diputados aprobó este martes una iniciativa para prohibir que quienes ostenten la presidencia de la República o la gubernatura cuenten con doble nacionalidad. Según el registro del pleno, Morena y sus aliados sumaron 334 votos a favor, 109 en contra y una abstención, con lo que alcanzaron la mayoría calificada y turno inmediato al Senado de la República.
La propuesta supone un cambio en los requisitos para aspirar a los más altos cargos ejecutivos del país. Los promotores justifican la medida como un mecanismo para garantizar «lealtad plena» al Estado mexicano; sus críticos la califican de excluyente y apuntan a que castiga a millones de mexicanas y mexicanos que viven en el exterior y mantienen vínculos familiares y económicos con el país.
Para quienes apoyan la reforma, citada por la propia Cámara de Diputados, se trata de evitar conflictos de intereses y asegurar que la conducción del poder público no esté condicionada por compromisos o influencias de otros estados. Esta lógica encuentra eco en quienes ven en la doble nacionalidad un riesgo potencial a la soberanía.
No obstante, organizaciones civiles y especialistas en derechos ciudadanos han advertido que la medida podría tener efectos contraproducentes. La doble nacionalidad es una realidad de amplios sectores de la diáspora mexicana, sobre todo en Estados Unidos; impedirles competir por la presidencia o por una gubernatura equivale a cerrarles la puerta de la política y empobrece la representación. Más que proteger, podría reducir la diversidad de experiencias en el gobierno.
En términos prácticos, la reforma deberá ser discutida y votada por el Senado de la República. Si obtiene el respaldo necesario en la Cámara alta, lo siguiente será su ratificación por la mayoría de los congresos locales para convertirse en reforma constitucional. Además, no se descarta que el tema llegue a tribunales si se argumenta que vulnera derechos políticos o principios de no discriminación.
El impacto sería inmediato sobre aspirantes potenciales con ciudadanía múltiple y tendría efectos simbólicos sobre millones de migrantes que mantienen lazos con México. Para la sociedad, la discusión no es solo jurídica: es sobre qué tipo de democracia queremos, si una con puertas cerradas por temores geopolíticos o una que reconozca la pluralidad de identidades que conforman la nación.
La votación en la Cámara baja, registrada por la Cámara de Diputados, deja claro el impulso legislativo de Morena y sus aliados. Ahora el Senado debe decidir si confirma esa apuesta. Si se aprueba en el Senado y en los congresos estatales, la reforma cambiaría la hoja de ruta de quienes hoy, con doble nacionalidad, sueñan con servir desde lo público a su país de origen.
La discusión seguirá en el Senado de la República y en el espacio público. Como siempre, más allá de consignas, el tema exige que las voces de la diáspora, las organizaciones civiles y la academia sean escuchadas antes de que una decisión así quede inscrita en la Constitución.
