Fuensanta Esquivel: los cárteles, no la doble nacionalidad, amenazan la soberanía
La diputada del PRI acusa a Morena de estigmatizar a migrantes con documentos estadounidenses; expertos y cifras piden foco en la violencia y la impunidad.
La legisladora Fuensanta Esquivel, del PRI, lanzó esta semana una advertencia clara: «Morena está discriminando a millones de mexicanos que por necesidad también cuentan con papeles estadounidenses para no ser deportados». Su pronunciamiento abre una discusión relevante: ¿qué pone en riesgo la soberanía del país, la doble nacionalidad de sus ciudadanos o el poder de los cárteles y la debilidad institucional?
Esquivel plantea que criminalizar o restringir derechos por tener doble nacionalidad es un error político y social. Sus palabras llegan en un contexto donde millones de familias mexicanas dependen de la movilidad entre ambos países. Según datos del Pew Research Center y registros de movilidad, la diáspora mexicana en Estados Unidos sigue siendo numerosa y las remesas, que Banco de México califica como históricas, sostienen economías locales enteras.
El argumento de Esquivel subraya un punto práctico: tener documentación extranjera es muchas veces una medida de supervivencia. Negar o señalar a quienes la poseen no ataca las causas que realmente erosionan la soberanía: el narcotráfico, la extorsión, la captura de municipios y la penetración económica de las organizaciones delictivas.
Las cifras oficiales y los diagnósticos de seguridad así lo muestran. La tasa de homicidios dolosos y los delitos vinculados al crimen organizado, reportados por la Secretaría de Seguridad y la Fiscalía General de la República, mantienen a amplias regiones en estado de vulnerabilidad. La violencia mina la autoridad del Estado en territorios enteros, mientras la corrupción y la impunidad permiten la reproducción de estas redes.
Desde una mirada de centro-izquierda, la discusión requiere matices: no se trata de defender privilegios, ni de minimizar riesgos reales vinculados a intereses extranjeros; se trata de priorizar políticas que protejan a las personas y restauren el control del Estado donde hoy mandan las armas. Es como confundir el humo con el incendio: mirar la doble nacionalidad cuando lo que consume al país son las llamas del crimen organizado.
La consecuencia concreta para la gente es tangible. Las familias que envían remesas ven su capacidad de sostener hogares amenazada si se estigmatiza a migrantes y se reduce el apoyo consular. Pequeños comercios sufren extorsiones que cierran negocios y empleos. Municipios enteros quedan privados de servicios cuando el crimen impone sus reglas.
Fuensanta Esquivel pide, y con razón, que la agenda pública enfoque recursos en fortalecer el Estado de derecho: mejor investigación criminal, autonomía judicial real, protección a denunciantes y a migrantes, y cooperación internacional contra el lavado de dinero. Al mismo tiempo exige que Morena deje de lado discursos que dividen a quienes buscan sobrevivir y aportar a sus familias.
La respuesta institucional debe ser equivalente al reto: controles financieros más estrictos, política social que reduzca la vulnerabilidad económica y campañas consulares que garanticen derechos a mexicanos en Estados Unidos, además de estrategias claras para recuperar territorios donde hoy mandan los cárteles. Lo demás, advierten especialistas consultados por este diario, sería poner el foco en la cortina y no en quien tira los hilos.
