Scjn afronta legado de impunidad al revisar desaparición de Rosendo Radilla

La reapertura del caso revive una deuda histórica: la Corte Interamericana ya condenó al Estado en 2009.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) revisa ahora la desaparición forzada de Rosendo Radilla Pacheco, un caso que desde 1974 pesa como una cicatriz en la memoria colectiva de México. La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado mexicano en 2009 por la desaparición y por graves violaciones a los derechos humanos, y exigió cambios estructurales en el acceso a la justicia. Que la SCJN retome el expediente no es un trámite técnico: es una oportunidad para que el poder judicial enfrente el legado de impunidad que dejaron las políticas de seguridad de décadas pasadas.

Radilla fue detenido en Guerrero en 1974 en un contexto de represión conocida como la guerra sucia. Desde entonces, su familia exigió verdad, búsqueda y sanción a los responsables. La sentencia de 2009 de la Corte Interamericana, citada por organizaciones como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, determinó responsabilidades del Estado y planteó obligaciones claras: investigar de manera efectiva, juzgar a los responsables civiles y militares y reparar a las víctimas.

La revisión en la SCJN plantea preguntas concretas y urgentes. ¿Reconocerá la Corte la insuficiencia de las investigaciones militares que han protegido a sus subordinados? ¿Aplicará la jurisprudencia internacional que obliga a México a evitar la impunidad en desapariciones forzadas? Estas no son cuestiones abstractas: afectan el derecho de miles de familias que aún buscan a sus desaparecidos y el límite entre la autoridad militar y el control civil en un Estado democrático.

Tras la condena de la Corte Interamericana, grupos de derechos humanos y académicos han señalado la necesidad de reformas legislativas y de práctica judicial. Organizaciones como Amnistía Internacional y el Centro de Derechos Humanos han subrayado que el caso Radilla es un precedente para fijar criterios sobre competencia judicial, especialmente cuando hay indicios de participación de fuerzas armadas en violaciones. La resolución de la SCJN puede consolidar esos criterios o, por el contrario, mantener lagunas que perpetúen la impunidad.

Para la familia de Radilla, la revisión simboliza tanto esperanza como desconfianza. Después de décadas de silencio institucional, la justicia tarda y pesa más. Como lo recordó la Corte Interamericana en 2009, las obligaciones del Estado no prescriben ante la gravedad de las violaciones cometidas. La sociedad civil, las víctimas y las instituciones deben vigilar que la resolución de la SCJN no quede en letra muerta.

Este episodio es, además, una radiografía del Estado mexicano: muestra el impacto que decisiones del pasado tienen en la confianza pública hoy. Revisar el caso Radilla no es solo dirimir responsabilidades individuales; es verificar si el sistema de justicia puede reparar y prevenir, si aprende de errores y convierte la condena internacional en cambios que se traduzcan en seguridad jurídica para las víctimas.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y la propia SCJN han puesto sobre la mesa normas y recomendaciones. Ahora corresponde al máximo tribunal nacional decidir si su fallo sirve para cerrar una vieja herida o para abrir la puerta a reformas reales. En cualquier caso, la decisión tendrá consecuencias directas en la vida de quienes aún esperan respuesta y en la credibilidad del Estado frente a la exigencia ciudadana de justicia.

Con información e imágenes de: informador.mx