IncaDivide 2026 enfrenta etapa más brutal en Ausangate

Cusco — Nuestra enviada especial, Natalia Ruiz Giraldo, desde el terreno

Tras el descenso del Apu Ausangate, el punto más alto por el que pasan los ultraciclistas del IncaDivide 2026 y considerado por varios participantes como el «Everest» del ciclismo de montaña, la carrera vivió una jornada de tensión y supervivencia. Según el relato recopilado por France 24, solo siete corredores lograron atravesar ese tramo antes de que las autoridades lo cerraran por seguridad.

Los competidores describieron a France 24 un paisaje que combina belleza y riesgo: pendientes interminables, piedras sueltas, cambios bruscos de clima y la asfixiante falta de oxígeno a más de 5.000 metros. «Es como bajar por la ladera de un reloj que no perdona errores», decía uno de los participantes entrevistados por la cadena. La organización del IncaDivide se encontró ante un dilema clásico: mantener la épica de la prueba o priorizar la vida de quienes la enfrentan.

El cierre del paso fue decidido después de reportes de deterioro del camino y condiciones meteorológicas que incrementaron el peligro. Aquí aparece un problema más amplio que trasciende la competencia: la débil preparación institucional para emergencias en zonas altoandinas. France 24 y nuestra enviada relatan demoras en la llegada de apoyo médico y limitaciones en equipos de evacuación, señales de que, pese al auge del turismo de aventura, la inversión pública en manejo de riesgos sigue siendo insuficiente.

Esto no es solo una crítica técnica. Detrás de cada cartel de «zona cerrada» hay comunidades locales que ven en eventos como IncaDivide una oportunidad económica, pero también la exposición a riesgos ambientales y humanos. Algunos guías y pobladores auxiliaron a los corredores durante el descenso, una muestra de solidaridad que contrasta con la falta de coordinación institucional. La crítica aquí no es al deporte ni a sus atletas, sino a la mezcla mal regulada entre espectáculo, aventura y responsabilidad pública.

El episodio deja lecciones claras. Primero, la necesidad de protocolos más estrictos y transparentes por parte de organizadores y autoridades regionales, incluyendo evaluación meteorológica en tiempo real, rutas alternativas y capacidad de evacuación rápida. Segundo, la obligación de integrar a las comunidades en la planificación, garantizando que los beneficios económicos no vengan acompañados de mayores riesgos ni daños ambientales. Tercero, la inversión en infraestructura mínima que salve vidas: comunicaciones, puestos médicos y personal entrenado en rescate en altura.

Hay también relatos de esperanza: corredores que compartieron agua y equipo, pobladores que marcaron pasos seguros con cintas y rescates improvisados que evitaron tragedias mayores. Esa mezcla de esfuerzo humano y falta de medidas institucionales resume el desafío: promover el deporte de aventura sin convertirlo en una ruleta rusa para quienes lo practican y para los que viven allí.

Mientras tanto, la organización del IncaDivide y las autoridades regionales deberán dar cuentas claras sobre la decisión del cierre y las medidas que tomarán para futuras ediciones. Los ojos de la prensa internacional, incluida France 24, y de la comunidad ciclista están puestos en Cusco. La pregunta pendiente es si la espectacularidad de estas pruebas impulsará finalmente políticas públicas serias para proteger a corredores, pobladores y montaña por igual.

Desde Ausangate, Natalia Ruiz Giraldo reporta para France 24 y para este medio, con la claridad de quien ha visto cómo la altura prueba tanto a las máquinas como a las instituciones.

Con información e imágenes de: France 24