Niña de seis años rescatada tras 60 horas; Nepal lucha contra miles desaparecidos

Un rescate que da esperanza en medio de la catástrofe: según la Oficina Nacional de Gestión de Desastres de Nepal (NDMA) y la Cruz Roja de Nepal, cientos han muerto y casi 3.000 personas están desaparecidas entre Nepal y el Tíbet.

La imagen de una niña de seis años saliendo con vida de entre los escombros después de casi 60 horas atrapada revive la mezcla de alivio y dolor que hoy atraviesa Nepal. Los equipos de rescate la sacaron exhausta pero consciente, según confirmó la Cruz Roja de Nepal, un gesto que la población necesita como si fuera una linterna en medio de la noche.

Pero la luz es pequeña frente al tamaño del desastre. La NDMA reporta que 933 trabajadores vinculados a proyectos hidroeléctricos permanecen sin rastro y más de 100 personas siguen atrapadas en un túnel colapsado. Las cifras oficiales hablan de cientos de muertos y cerca de 3.000 desaparecidos entre Nepal y el Tíbet, una cifra que las autoridades y organizaciones humanitarias consideran provisional y con riesgo de aumentar.

La tragedia expone fallas estructurales que no son nuevas. Proyectos de gran envergadura en zonas montañosas, trabajadores migrantes con protección precaria y una planificación territorial que desafía a la geografía han convertido a comunidades enteras en víctimas previsibles. Expertos y ONG consultadas por la prensa local y por la Cruz Roja señalan que la ausencia de registros laborales claros y controles de seguridad agrava ahora el rescate y la identificación de los desaparecidos.

La respuesta estatal ha movilizado al ejército y brigadas de montaña, pero las críticas no se han hecho esperar. Funcionarios de la NDMA reconocen la magnitud del desafío; familiares y vecinos denuncian lentitud, falta de equipos especializados y comunicación errática. En muchos pueblos, la gente depende todavía de sus propias manos para cavar y buscar a sus seres queridos, una escena que parece repetir el mismo libreto de desastres anteriores.

Frente a la emergencia, la comunidad internacional y organizaciones humanitarias han ofrecido apoyo logístico y médico. Sin embargo, la crisis también reabre preguntas políticas: ¿qué lecciones se aprendieron después de otras tragedias sísmicas y de deslizamientos? ¿Se prioriza el beneficio económico de grandes obras sobre la seguridad de las personas? La respuesta tendrá consecuencias concretas en la vida de las familias afectadas.

Además de la urgencia humanitaria, hay decisiones pendientes que requieren voluntad política: crear registros laborales obligatorios en obras críticas, exigir estándares de seguridad verificables, reforzar los sistemas de alerta temprana y financiar brigadas de búsqueda y rescate en zonas remotas. Son medidas que salvan vidas y que hoy, más que nunca, suenan como deberes inaplazables.

La niña rescatada es, por ahora, el símbolo viviente de una posibilidad: que el esfuerzo colectivo puede encontrar esperanza bajo los escombros. Pero la historia completa pedirá respuestas: justicia para las víctimas, reparación para las comunidades y políticas públicas que prioricen proteger a las personas antes que proyectos. Así lo reclaman familiares y organizaciones como la Cruz Roja de Nepal y lo confirma el recuento oficial de la NDMA.

Mientras tanto, la búsqueda continúa y con ella la pregunta que queda en la voz de quienes esperan: ¿quién pagará el costo de no haber previsto lo inevitable?

Con información e imágenes de: France 24