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Ine vuelve al gris y abre nueva disputa sobre neutralidad e imagen pública

Tras las críticas por parecerse a la imagen del Gobierno de la CDMX, el Instituto Nacional Electoral anuncia que sustituirá los tonos lilas por un gris institucional.

El anuncio del Instituto Nacional Electoral (INE) de regresar a una paleta de grises luego de usar tonos lilas encendió de nuevo el debate público sobre la autonomía y la comunicación de la autoridad electoral. Según reportes de El Universal, la modificación fue promovida como un intento por «recuperar neutralidad visual», pero organizaciones civiles y opositores afirman que el cambio llega tarde y sin claridad sobre costos ni metodología.

Para la ciudadanía, el choque de colores no es un asunto menor. «Cuando una institución parece mimetizarse con un partido o un gobierno se pierde confianza», dice una vecina de la alcaldía Cuauhtémoc, citada por El Universal. La percepción pública incide directamente en la legitimidad: una campaña informativa que cambia de logo y color puede confundirse con un gasto innecesario en momentos en que la gente demanda transparencia y recursos para salud, educación y seguridad.

Expertos consultados por este periódico señalan que la estética institucional tiene un peso simbólico. Un color no gana elecciones, pero ayuda a comunicar valores: seriedad, apertura o cercanía. El problema es que los frecuentes ajustes de imagen sin explicar alcances ni montos sugieren improvisación. El INE ha argumentado que la actualización responde a criterios técnicos y de accesibilidad, pero aún no ha publicado un desglose público y verificable del impacto económico y logístico que implicará rotular oficinas, materiales electorales y campañas informativas.

Desde una postura crítica y de centro-izquierda, es legítimo exigir rigor: si el objetivo es preservar la independencia, el INE debe acompañar cualquier cambio con datos claros, calendarización y consultas con la ciudadanía y con organismos de observación electoral. Cambiar colores no es suficiente si no va acompañado de políticas que fortalezcan la fiscalización, la rendición de cuentas y la educación cívica.

La polémica también subraya una lección práctica: las instituciones democráticas no sólo compiten en tribunales y urnas, también lo hacen en la esfera simbólica. Cuando el mensaje institucional se percibe como confuso, quienes pierden son los ciudadanos que esperan instituciones fuertes y transparentes. El reto para el INE, concluyen activistas y académicos citados por El Universal, es demostrar con acciones y datos que el gris no es un disfraz sino el comienzo de una estrategia coherente para recuperar confianza.

Con información e imágenes de: Reforma