Venta de diésel se detiene en estaciones y alarma a conductores
El tope federal y el salto de los precios internacionales erosionan márgenes; estaciones suspenden el suministro y choferes temen por el bolsillo y el trabajo
Varias estaciones de servicio del país han dejado de expender diésel en los últimos días, una medida que está encendiendo alertas entre choferes, transportistas y pequeños comercios. Según declaraciones de la Secretaría de Energía y reportes de Reuters sobre el mercado internacional, la conjunción entre un tope en el precio al público y el aumento global del precio del diésel está comprimendo los márgenes de las estaciones, que en algunos casos optan por suspender temporalmente la venta para evitar pérdidas.
“Llegué y me dijeron que no había diésel; tuve que desviarme dos horas y perder carga”, cuenta María López, chófer de reparto, desde las afueras de una estación donde un cartel improvisado anunciaba la medida. Historias como la suya se repiten: camioneros que pierden tiempo y dinero, micros de corta distancia con problemas para completar recorridos y pequeños comerciantes que ven subir sus costos logísticos.
La Asociación de Expendedores de Combustibles advirtió públicamente que mantener el tope sin mecanismos compensatorios frente al alza internacional es insostenible para una parte del sector. La Secretaría de Energía, por su parte, reconoce la tensión y señala que evalúa ajustes puntuales, pero señala que las medidas buscan proteger el poder adquisitivo de los consumidores y contener la inflación.
En lenguaje simple: cuando el precio en el mercado mundial sube y el Estado obliga a vender a un precio que no se ajusta, los eslabones más débiles —las estaciones independientes y las pequeñas cadenas— quedan sin margen. Es como mantener el precio de la verdura en la feria sin compensar a la producción cuando la cosecha sube de costo; al final, algunos vendedores prefieren cerrar la tarima antes que vender a pérdida.
El impacto se siente en la calle. Transportistas consultados por este diario relatan demoras, viajes redirigidos y aumentos en gastos operativos. Para la ciudadanía, la consecuencia inmediata puede ser una subida indirecta de precios en alimentos y servicios o la reducción de frecuencias de transporte público en rutas donde los operadores dependen del diésel. Datos oficiales y análisis de mercado citados por Reuters muestran que las cotizaciones internacionales del diésel han registrado subidas sostenidas en las últimas semanas, presionando la cadena de valor.
El episodio pone en evidencia una falla de diseño en la política pública: el tope funciona como protección para el consumidor solo si existe un andamiaje que compense a productores y distribuidores cuando el mercado internacional se altera. Organizaciones del sector proponen soluciones: subsidios focalizados, esquemas temporales de compensación para estaciones en zonas vulnerables y mayor transparencia en la formación del precio. Desde el Gobierno insisten en que cualquier medida debe equilibrar la estabilidad de precios con la sostenibilidad fiscal.
Es fundamental, sin embargo, que la discusión incluya a quienes viven del transporte y de la logística diaria. Las decisiones sobre combustibles no son tecnicismos: afectan salarios, tarifas, el costo de la canasta básica y la posibilidad de que pequeños emprendimientos sobrevivan. Como señaló un representante de la Asociación de Expendedores, citado por la Secretaría de Energía, “no se puede imponer un precio si no hay reglas claras para compensar cuando cambian las condiciones externas”.
La solución exige rapidez y claridad. Si el objetivo es proteger al consumidor, el camino más responsable pasa por medidas temporales bien dirigidas y por diálogo con cámaras, conductores y autoridades. De lo contrario, la política de tope terminará produciendo el efecto contrario: escasez que termina por golpear a los mismos hogares que se pretendía proteger.
Fuente: Secretaría de Energía; Reuters; Asociación de Expendedores de Combustibles.
