Pomuch conserva la antigua costumbre de lavar los huesos de los muertos

En la comunidad maya de Pomuch, en el sur de Campeche, el Día de Muertos no se limita a altares ni a velas: se convierte en el rito conocido como Choo Ba’ak, la limpieza y restauración de los huesos de los difuntos. Familiares desempolvan cajas, extienden petates y, con paciencia ritual, lavan y ordenan los restos para que vuelvan a ocupar un lugar en la memoria colectiva. La costumbre ha sido descrita por medios como El País, National Geographic y la BBC como una muestra poderosa de cariño y continuidad cultural.

El rito funciona como un puente entre generaciones: no es solo una acción física sino una reparación simbólica. Para quienes participan, las manos que rozan los huesos repasan historias: nombres, apodos, recetas, oficios. Es un modo de afirmar pertenencia cuando el Estado ha tendido a invisibilizar prácticas indígenas o a tratarlas como curiosidades turísticas.

Desde una mirada pública y de políticas, surgen tensiones claras. Por un lado, el valor intangible y el potencial para el turismo cultural pueden generar ingresos locales y reivindicar la identidad maya; por otro, la falta de apoyo institucional serio —infraestructura sanitaria, financiación para preservación, regulación respetuosa del turismo— deja a las familias a cargo de todo el peso organizativo. Especialistas consultados en reportajes de El País y National Geographic señalan que la promoción sin controles puede transformar un rito íntimo en una atracción que despersonaliza a la comunidad.

Las autoridades de salud y cultura enfrentan un reto: garantizar condiciones sanitarias sin imponer prohibiciones que vulneren el derecho colectivo a la memoria. Hay ejemplos en México donde las intervenciones estatales han ido de la mano con las comunidades para acondicionar cementerios y capacitar en manejo de materiales, pero también hay episodios de burocracia que llegan tarde o de campañas que priorizan la imagen sobre la sustancia.

En Pomuch, algunos habitantes ven con reservas la llegada masiva de visitantes durante el Día de Muertos. Otros aprovechan la atención para vender comida, artesanías y alojamiento, una forma concreta de ingreso en municipios con escasos recursos. El desafío público es claro: apoyar estas economías locales sin convertir la muerte en un espectáculo.

La protección del rito no pasa solo por su difusión mediática. Requiere políticas públicas que incluyan presupuesto para patrimonio cultural, capacitación sanitaria y esquemas de turismo comunitario diseñados por la propia comunidad. Instituciones como el Instituto Nacional de Antropología e Historia han documentado la práctica y pueden acompañar procesos de preservación, pero la responsabilidad última recae en acuerdos horizontales entre gobierno, académicos y habitantes.

El Choo Ba’ak de Pomuch es más que una imagen llamativa: es un recordatorio de que las políticas culturales y sanitarias —cuando llegan tarde o mal diseñadas— no solo afectan rituales, afectan vidas. La lección es sencilla y exigente: reconocer y apoyar las tradiciones con recursos, respeto y participación ciudadana, para que lavar huesos no sea solo una postal, sino un derecho vivo de memoria y dignidad.

Fuentes: reportes de El País, National Geographic y la BBC; documentación del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Con información e imágenes de: informador.mx