El desfile de Día de Muertos: cómo una producción de cine encendió una tradición capitalina

Hace más de una década la Ciudad de México apostó por transformar la tradición de Día de Muertos en un espectáculo urbano pensado para calles, cámaras y turistas. Lo curioso es que la chispa que llevó aquel intento a convertirse en desfile masivo no fue solo una política cultural: fue también la mirada del cine. Según reportes de El País y BBC Mundo, la consolidación y la proyección internacional del desfile tuvieron un empujón decisivo cuando la industria cinematográfica puso sus ojos en la capital.

La historia no es línea recta. En los barrios y cementerios la celebración existía desde siempre, en altares domésticos y procesiones locales. Lo que cambió fue la decisión institucional, a principios de la década pasada, de organizar un desfile oficial que cruzara el Centro Histórico y convierta la tradición en atractivo turístico. Esa decisión, promovida por la Secretaría de Cultura y la Secretaría de Turismo de la Ciudad de México, respondió a varias prioridades: visibilidad internacional, economía cultural y la posibilidad de filmar escenas con producción mayor.

El punto de inflexión llegó cuando productoras extranjeras buscaron recrear en pantalla el color y el ruido del Día de Muertos. La filmación de secuencias en la capital colocó a la ciudad en el mapa global y, en palabras de El País, divulgó la imagen de una celebración urbana y espectacular que muchos empezaron a esperar como evento anual. BBC Mundo destacó el efecto multiplicador: lo que era escena para rodaje pasó a ser escenografía para la ciudad entera.

El resultado tiene dos caras. En lo positivo, el desfile coloca a la tradición en vitrinas internacionales, genera ocupación —hoteles, guías, artesanos— y hace visible una iconografía que puede servir de plataforma para artistas y colectivos. La Secretaría de Turismo de la CDMX ha señalado que eventos como este atraen audiencias nacionales e internacionales, dinamizan comercios y ofrecen oportunidades para el sector cultural.

Pero no todo es fiesta. La mercantilización de la ofrenda popular preocupa a académicos y colectivos culturales. Cuando la tradición se vuelve espectáculo masivo bajo la lógica del turismo, la autenticidad corre riesgo de convertirse en utilería. Vecinos consultados por medios como El País han señalado problemas cotidianos: calles cerradas, aumento de basura, restricciones a espacios públicos y la precarización de quienes viven del comercio informal, que ahora enfrentan permisos, multas y competencia indirecta de productores del espectáculo.

También hay una cuestión de prioridades presupuestales. El despliegue policial, la logística y las campañas promocionales suponen inversión pública. Desde una mirada crítica de centro-izquierda, cabe preguntar si esos recursos se distribuyen de manera que beneficie a las comunidades originarias de la tradición —artesanos, ofrendistas, promotores culturales locales— o si más bien sirven a circuitos turísticos y patrocinadores privados. La transparencia de la Secretaría de Cultura y la Secretaría de Turismo en la asignación de recursos sigue siendo una demanda válida.

Finalmente hay un aspecto simbólico: el poder de la imagen. El cine ayudó a amplificar una celebración que es íntima y comunitaria; ahora la ciudad convive con una versión que es a la vez fiesta y producto cultural. Como en una plaza con doble cara, la pregunta que queda en pie es quién decide el uso del espacio público y para quién se organiza el espectáculo.

Si el desfile de Día de Muertos nació o se transformó por la magia del cine, esa magia no es neutral. Convoca a reflexionar sobre cómo las políticas públicas deben equilibrar promoción cultural, dignidad comunitaria y justicia económica. Según El País, BBC Mundo y documentos de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, la apuesta funcionó para la proyección internacional. Ahora toca a autoridades y ciudadanos negociar que los beneficios lleguen también a quienes mantienen viva la tradición en su vida cotidiana.

Con información e imágenes de: informador.mx