Michoacán espera 1 millón de visitantes en noche de muertos; la fiesta crece pero también los retos

Las últimas semanas de octubre representan uno de los mayores picos de turismo en el estado de Michoacán, según reconoce la Secretaría de Turismo estatal.

El gobierno de Michoacán proyecta que cerca de 1 millón de personas visitarán la entidad durante la celebración de Noche de Muertos, con Pátzcuaro y la isla de Janitzio como epicentros de una afluencia que revive tradiciones y mueve la economía local. La cifra, difundida por la Secretaría de Turismo de Michoacán, confirma que la temporada se convirtió en un imán para visitantes nacionales y extranjeros tras la recuperación turística pospandemia.

El impacto es real: comercios, hoteles y prestadores de servicios reportan aumento de clientela y expectativas de ingresos. Para muchas familias purépechas y microempresarios, estos días representan la principal oportunidad del año para recuperar margenes perdidos. Además, la proyección coincide con la atención internacional que la UNESCO y especialistas en patrimonio cultural han dado a las expresiones del Día de Muertos, lo que refuerza el atractivo cultural de la región.

Sin embargo, el entusiasmo trae tensiones. En terreno, comerciantes y vecinos señalan que el crecimiento llega sin la misma velocidad de respuesta institucional en servicios básicos: recolección de basura, transporte público, acceso sanitario y manejo de multitudes. Fuentes del Gobierno de Michoacán reconocen operativos de seguridad y campamentos médicos temporales, pero organizaciones locales y liderazgos comunitarios advierten que la renta y los precios de alimentos y alojamiento se disparan sin mecanismos claros que garanticen que los beneficios lleguen a las comunidades originarias.

La Secretaría de Turismo subraya promociones y coordinación con ayuntamientos; INEGI y observatorios turísticos muestran que la ocupación en destinos patrimoniales ha crecido año con año. Aun así, persiste un desafío habitual: la infraestructura turística y la capacidad de gestión urbana no siempre acompañan las cifras de visitantes. Eso genera cuellos de botella que afectan la experiencia del visitante y la calidad de vida de residentes.

Hay una segunda lectura política y social. Un turismo más intenso puede ser palanca para desarrollo si las políticas públicas orientan recursos a mejorar servicios, proteger el patrimonio inmaterial y formalizar cadenas productivas locales. Pero sin planificación y controles, la fiesta corre el riesgo de convertirse en una caricatura comercial de la tradición, desplazando a artesanos y rituales auténticos por puestos de souvenirs de baja calidad.

Propuestas concretas que menciona el sector civil incluyen inversión en saneamiento, regulación de precios en zonas turísticas, programas de apoyo a proyectos comunitarios de hospedaje y venta de artesanías, y transparencia en la derrama económica prometida por las autoridades. La Secretaría de Turismo y el Gobierno de Michoacán tienen la última palabra, pero la comunidad pide ser interlocutora real en la toma de decisiones.

En resumen, la proyección de 1 millón de visitantes confirma que Michoacán tiene un recurso cultural y turístico de alto valor. La pregunta es si las políticas públicas y la gestión local estarán a la altura para convertir esa afluencia en desarrollo equitativo, y no solo en un repunte temporal de ventas que deja tras de sí problemas de basura, saturación y pérdida de autenticidad.

Con información e imágenes de: informador.mx