Morena detiene alza del IEPS y deja en el aire recursos para salud
La mayoría en San Lázaro frenó el aumento del IEPS a bebidas alcohólicas y frituras saladas: alivio inmediato para el bolsillo, incertidumbre a largo plazo para la salud pública y las finanzas.
La bancada de Morena en la Cámara de Diputados echó atrás la propuesta para subir el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a bebidas alcohólicas y a productos con alto contenido de sodio, como frituras, una decisión que ya circula en reportes de Reforma y El Financiero. Para el consumidor significa, de entrada, no ver un aumento directo en el precio de cervezas, bebidas destiladas o botanas. Pero la medida tiene varias aristas que merecen escrutinio.
Por un lado está el alivio inmediato: familias con presupuestos ajustados no pagarán más por productos que forman parte del gasto cotidiano. En un país donde la canasta básica y el presupuesto familiar ya están apretados, cada peso cuenta. En términos prácticos, es como tapar una brecha con una colcha: funciona hoy, pero no arregla la rotura debajo.
Por otro lado están las consecuencias que señalan la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y especialistas en salud. La SHCP había planteado que ampliar la base del IEPS permitiría obtener recursos para programas de prevención y tratamientos relacionados con enfermedades vinculadas al consumo excesivo de alcohol, hipertensión y problemas asociados a dietas altas en sodio. Instituciones como el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han documentado que los impuestos a productos nocivos son herramientas eficaces para reducir consumo y financiar políticas públicas de salud.
En términos de salud pública, renunciar a ese ingreso implica dejar sobre la mesa una fuente estable para campañas de prevención, tratamiento y educación nutricional. México registra niveles altos de sobrepeso y obesidad según datos del INEGI y del INSP; los expertos advierten que los impuestos selectivos no sólo recaudan, sino que desalientan el consumo y cambian comportamientos con el tiempo.
También hay un costo político y de credibilidad. Morena, con mayoría en San Lázaro, se enfrentó al dilema clásico entre proteger el bolsillo inmediato del votante o fortalecer el gasto social a mediano plazo. Organizaciones civiles y algunos economistas critican la decisión por priorizar el corto plazo electoral sobre la sostenibilidad fiscal y las metas de salud pública. Otros sectores, incluyendo productores y comerciantes, celebran la medida por evitar presiones inflacionarias en bienes populares.
Un punto clave es la progresividad: aunque los impuestos a productos nocivos tienden a afectar más el gasto de hogares de menores ingresos, su efecto en salud puede ser progresivo si los recursos se destinan a fortalecer servicios y programas para quienes más los necesitan. La ausencia de un compromiso claro sobre el destino de los recursos en la votación complica esa narrativa.
¿Qué puedes hacer como consumidor? Revisa tus hábitos de compra: pequeños cambios en la dieta reducen riesgos de salud sin depender exclusivamente de impuestos. Exige transparencia: pregunta a tus representantes cómo piensan financiar programas de salud si renuncian a ingresos como los que proponía la SHCP. Inicia conversación local sobre promoción de alimentos saludables en escuelas y mercados.
La decisión de Morena es una foto del presente: evita ajustar precios ahora, pero posterga decisiones incómodas sobre cómo financiar prevención y cuidado de la salud. Si la política fiscal es la herramienta para pagar la factura social, es momento de que la ciudadanía pida cuentas claras sobre dónde se ahorra y dónde se invierte. Fuentes: Reforma, El Financiero, Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Instituto Nacional de Salud Pública, INEGI y OMS.

