Moody’s enciende la alerta: lento crecimiento y deuda ponen en riesgo la confianza en México

Moody’s Investors Service lanzó un aviso que debería inquietar a gobernantes y ciudadanos por igual: el crecimiento económico de México se ha moderado y el aumento de la deuda pública podría erosionar la confianza de los inversionistas si no hay señales claras de corrección. La directora ejecutiva y responsable de riesgo soberano para las Américas de la calificadora, Ariane Ortiz-Bollin, descartó que el país esté ante una crisis o una “gran alerta”, pero advirtió que un panorama débil puede reducir la confianza de los inversionistas, con efectos directos en empleo, crédito y servicios públicos.

La observación de Moody’s llega en un momento en que las cuentas públicas enfrentan tensiones: ingresos petroleros volátiles, menor ritmo de inversión privada y presiones por mayor gasto social y programas prioritarios. Esto no es un problema abstracto: cuando los inversionistas flaquean, suben las tasas de interés para el gobierno y para las familias, se encarece el crédito para pequeñas y medianas empresas y se estrecha el margen para mantener o ampliar programas de salud, educación y apoyo a quienes menos tienen.

Organismos como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Banco de México han documentado una recuperación económica desigual en los últimos años. Moody’s coloca esa realidad bajo una lupa: crecimiento lento combina con niveles de endeudamiento que, si persisten o se aceleran sin una estrategia clara, podrían complicar la capacidad del Estado para responder ante choques futuros.

Para entenderlo con una imagen: es como caminar sobre una cuerda con una mochila cada vez más pesada. Mientras más crezca la mochila —deuda— y más despacio avance la persona —crecimiento económico—, menos margen tendrá para reaccionar ante un viento fuerte. Ese viento puede ser una recesión global, un desplome de precios del petróleo o una crisis financiera internacional.

¿Qué alternativas plantea el diagnóstico de Moody’s? La calificadora no exige recetas políticas partidistas, pero insiste en que la prioridad debe ser recuperar confianza mediante reglas claras de finanzas públicas, mayor transparencia en el gasto y medidas que impulsen la inversión productiva. En la práctica, eso significa políticas fiscales que aumenten la recaudación de forma progresiva y eficiente, y gasto público dirigido a infraestructura, educación y salud que favorezca la productividad y la equidad.

Desde una mirada crítica de centro-izquierda, la discusión no es austeridad a ciegas ni gasto irresponsable, sino encontrar un equilibrio que proteja a los más vulnerables sin hipotecar el futuro. Programas sociales que promuevan educación y salud, y una fiscalidad que obligue a los sectores de mayores ingresos a contribuir, son opciones coherentes con la protección social y la sostenibilidad fiscal.

La respuesta del gobierno será clave. Si las autoridades demuestran compromiso con la disciplina fiscal y simultáneamente activan medidas para atraer inversión y mejorar la competitividad, se puede disipar la inquietud de los mercados sin sacrificar la justicia social. Si no, el riesgo es que la falta de confianza se traduzca en costos mayores para las familias mexicanas.

Moody’s, con la voz de Ortiz-Bollin, ofrece un aviso útil: no estamos en emergencia, pero sí en una fase que requiere decisiones. La política económica del país debe pasar de la reacción a la estrategia: políticas claras, gasto productivo y un sistema fiscal más justo. De ello depende no solo la calificación crediticia, sino la posibilidad de que la gente tenga empleos bien remunerados, servicios públicos de calidad y protección ante crisis futuras.

Con información e imágenes de: Latinus