Bab el-Mandeb: los hutíes convierten el estrecho en palanca para irán

El refuerzo de posiciones en torno al paso que une el mar Rojo con el golfo de Adén eleva riesgos comerciales y humanitarios; la respuesta internacional será clave, según Naciones Unidas y Reuters.

Los hutíes han reforzado su presencia en la costa y las islas próximas al estrecho de Bab el-Mandeb, una arteria estratégica por la que transita casi el 12% del comercio marítimo mundial. Según Naciones Unidas, cualquier interrupción prolongada en ese corredor no solo encarecería el transporte entre Europa y Asia, sino que tendría efectos inmediatos sobre el precio de los alimentos y la energía en países vulnerables.

La pregunta que se abre es política: ¿puede ese control parcial convertirse en una herramienta de influencia para irán? Analistas consultados por Reuters y el International Crisis Group sostienen que el vínculo entre Teherán y los hutíes —entrenamiento, suministro de misiles y drones en años recientes— facilita que los rebeldes actúen como un multiplicador de poder regional. Al amenazar el paso, la alianza informal ofrece a irán una palanca para aumentar costes geopolíticos sin necesidad de intervención directa.

Sin embargo, la capacidad real de los hutíes tiene límites. Pueden hostigar embarcaciones, minar rutas y obligar a los armadores a elevar primas de seguro o a desviar rutas por el sur de África, lo que incrementa tiempos y costos. Pero mantener un control efectivo del estrecho frente a patrullas internacionales y a la superioridad naval de coaliciones lideradas por Estados Unidos y Europa sería extremadamente costoso y arriesgado para ellos. Esa combinación de capacidad asimétrica y limitaciones operativas es la que, según expertos citados por Reuters, convierte a Bab el-Mandeb en un instrumento de presión más que en una base de poder territorial sostenible.

Las consecuencias no son solo estratégicas. Para la población yemení, ya golpeada por años de guerra, cualquier escalada naval o bloqueo empeora el acceso a alimentos, medicamentos y combustibles. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU ha advertido que la fragilidad logística podría traducirse rápidamente en más desplazamiento y hambre. La comunidad internacional ha respondido con ataques selectivos contra capacidades hutíes y con desplegues para proteger el tráfico comercial, pero esas medidas suelen agravar el sufrimiento civil si no se acompañan de diplomacia y ayuda humanitaria efectiva.

Políticamente, el escenario ofrece tres lecciones urgentes. Primero, la seguridad marítima y la estabilidad social están estrechamente ligadas: proteger rutas sin atender la crisis humanitaria de Yemen es parchear la respuesta. Segundo, permitir que la tensión se normalice como herramienta de negociación regional beneficia a actores que prefieren la confrontación; la presión sobre las rutas debería impulsar mecanismos multilaterales de diálogo, no solo operaciones militares. Tercero, Europa y actores del comercio global tienen interés directo en promover una solución negociada que incluya verificación internacional del flujo de mercancías y garantías para las comunidades locales.

Si Bab el-Mandeb se convierte en una carta de negociación más que en un teatro de confrontación, la región ganará en previsibilidad. Para lograrlo hace falta más coordinación en Naciones Unidas, un plan serio de reconstrucción y mecanismos que reduzcan el atractivo de la violencia como recurso político. Sin esas piezas, el estrecho seguirá siendo, como hoy, una cuerda floja donde se mide la influencia de irán y el precio que pagan civiles y mercados.

Con información e imágenes de: France 24