Cdmx se pinta de colores: catrinas y miles transforman avenidas en carnaval
Las avenidas de Ciudad de México dejaron atrás su habitual tono grisáceo para llenarse de morados, naranjas y amarillos, en una jornada que combinó fiesta popular, memoria cultural y tensiones sobre el uso del espacio público. Según comunicados de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, el desfile y las ofrendas atrajeron a miles de personas que recorrieron Paseo de la Reforma y avenidas aledañas con catrinas, altares y comparsas.
La escena fue celebrada como una recuperación de identidad colectiva: vecinas y vecinos reconocen el valor cultural y económico que genera el turismo local y las actividades culturales, y artistas callejeros vieron una oportunidad para visibilizar su trabajo. Sin embargo, la fiesta también puso de relieve problemas de gestión municipal. Ciudadanos consultados y reportes de medios como La Jornada señalaron deficiencias en logística, limpieza y accesibilidad, además de largas afectaciones al transporte público que dificultaron la vida cotidiana de quienes no participaron del evento.
Hay que reconocer los aciertos: el impulso a la cultura popular y la posibilidad de que la memoria de Día de Muertos salga de los altares privados para dialogar en la calle. Pero no puede obviarse la falta de transparencia en el gasto público destinado a la organización, ni la ausencia de estrategias claras para apoyar a artistas locales más allá del espectáculo puntual. La Secretaría de Cultura debe publicar balances claros y diseñar medidas que garanticen seguridad, movilidad y derecho al disfrute del espacio público sin excluir a residentes.
Si la transformación de la ciudad en un carnaval de colores es un éxito cultural, el verdadero reto es convertir esa energía festiva en políticas públicas permanentes: asignar recursos a programas culturales comunitarios, mejorar la infraestructura para eventos masivos y asegurar que la fiesta no termine en un problema para quienes viven y trabajan en la zona. La celebración mostró lo mejor de la ciudad; ahora falta que las autoridades lo conviertan en política pública responsable.
