Demanda tras demanda: el asedio legal que silencia a la prensa mexicana

En México, las querellas judiciales contra periodistas y medios dejaron de ser un hecho aislado para convertirse en una estrategia sistemática. Según Artículo 19, la presión judicial ha crecido hasta tal punto que, en promedio, se presenta una demanda cada seis días contra comunicadores o espacios informativos. Para la organización, esos recursos legales son «una forma mucho más eficaz de silenciar a la prensa».

La táctica no siempre es frontal. No se trata únicamente de juicios que buscan una condena ejemplar, sino de procesos que consumen tiempo, dinero y energía. Para muchas redacciones pequeñas y periodistas independientes, una querella puede traducirse en cierre administrativo por costos legales, autocensura por miedo a nuevas demandas y desgaste profesional que termina en abandono de temas incómodos.

Quienes emprenden estas acciones son actores públicos y privados que encuentran en los tribunales un atajo para limitar la fiscalización. Organizaciones internacionales como el Comité para la Protección de los Periodistas han señalado que prácticas similares funcionan en varios países como lo que se conoce internacionalmente como SLAPP, es decir demandas estratégicas contra la participación pública.

El impacto es tangible en la vida cotidiana. Cuando un reportero renuncia a investigar la corrupción en un ayuntamiento, las familias afectadas por contratos irregulares pierden un canal de denuncia. Cuando un medio local cierra por presiones legales, la comunidad queda sin información fiable sobre seguridad, salud o servicios públicos. La defensa del interés público se convierte en un lujo que pocos pueden costear.

La respuesta institucional ha sido heterogénea y a pie de obra. Artículo 19 y otras organizaciones reclaman reformas que incluyan leyes anti-SLAPP, procedimientos judiciales expeditos para casos de libertad de expresión y mecanismos de protección que reduzcan el costo económico de la defensa. Algunos estados han empezado a discutir iniciativas en ese sentido, pero la implementación es desigual y los avances lentos.

Los jueces también juegan un papel clave. Cuando los tribunales permiten que demandas dilatorias prosperen, refuerzan la impunidad de quienes buscan amordazar. Por el contrario, criterios claros para desestimar demandas manifiestamente infundadas pueden ser una herramienta efectiva para cortar el fenómeno de raíz.

Periodistas y medios han respondido con redes de solidaridad, fondos legales y asesoría especializada. Sin embargo, esos parches no sustituyen una política pública coherente. La transparencia en los procesos, la rendición de cuentas de funcionarios que recurren a la vía judicial con fines de censura y el acceso a recursos para la defensa de la prensa configuran un paquete necesario para revertir la tendencia.

La libertad de prensa no es un lujo intelectual, es una herramienta práctica para la justicia social. Si las demandas se cuentan cada seis días, como advierte Artículo 19, la pregunta para autoridades y ciudadanía es simple: ¿permitiremos que la justicia se convierta en una herramienta de silencio o construiremos garantías que protejan a quienes informan y fiscalizan?

Con información e imágenes de: Latinus