Mujeres marcan la diferencia: el voto femenino puede decidir la elección en Brasil

Por nuestra corresponsal Valeria Saccone

En la recta final de la campaña electoral en Brasil, el voto femenino aparece como una rueda que puede cambiar la dirección del vehículo político. Según datos del Tribunal Superior Electoral, las mujeres representan más de la mitad del electorado, y ese peso numérico vuelve a ponerlas en el centro de la disputa.

La relevancia del sufragio femenino no es solo aritmética. En las últimas elecciones, la movilización de mujeres inclinó resultados locales y nacionales. Sin embargo, las demandas que traen a las urnas —seguridad, salud, empleo, derechos reproductivos— siguen chocando con una representación institucional pobre: según cifras de la Cámara de Diputados, apenas el 18% de los escaños está ocupado por mujeres. Esa brecha debilita la capacidad de respuesta del Estado ante problemas que afectan de forma específica a la mitad de la población.

La violencia de género sigue siendo una de las preocupaciones principales que movilizan a muchas votantes. Organizaciones civiles y datos oficiales señalan que la atención a la violencia doméstica y los femicidios no ha avanzado al ritmo que exige la urgencia social. Para muchas mujeres, el voto se vuelve herramienta de demanda: castigar políticas que recortan servicios, premiar propuestas que fortalecen la red de protección.

Otro eje de la contienda es la religión: una parte importante del electorado evangélico se identifica con la derecha, pero encuestas de institutos como Datafolha e Ibope han mostrado señales de fragmentación. Cada vez más mujeres buscan expresar posiciones más progresistas dentro de espacios religiosos o valorar candidaturas que combinan compromiso social con sensibilidad hacia derechos humanos.

El efecto práctico es claro. Cuando las propuestas públicas inciden en la vida diaria —guarderías, licencias por maternidad, programas de empleo, atención en salud sexual y mental— las votantes responden. Cuando las políticas se orientan a recortes y a restar autonomía, la reacción es de rechazo. El desafío para partidos y candidaturas es presentar más que eslóganes: planes creíbles y presupuesto real para ejecutarlos.

En los barrios, en los colectivos de trabajadoras y en las redes de apoyo, muchas mujeres ya están decidiendo su voto no solo por afinidades personales, sino por cálculo pragmático: quién da más garantías para la salud de sus hijas, para la seguridad de sus vecinas, para la estabilidad del ingreso familiar. Ese balance práctico puede voltear urnas en distritos clave.

El impacto del voto femenino será, en buena medida, la foto de la campaña: una mezcla de reivindicación social y exigencia de resultados. Para que esa fotografía se traduzca en cambios reales, la política brasileña tendrá que cerrar la brecha entre representación y realidad, y ofrecer respuestas concretas a los problemas que las mujeres viven todos los días.

Con información e imágenes de: France 24