Juchitán recupera la calma tras la detención del alcalde; la presencia federal da respiro a la comunidad

Juchitán de Zaragoza volvió a caminar con más normalidad en las últimas 48 horas. Tras la detención del alcalde, la llegada y permanencia de elementos de la Semar y de la Guardia Nacional permitió que habitantes y comerciantes retomaran actividades que habían quedado suspendidas por la tensión y el temor.

Según reportes de La Jornada y testimonios recabados en la zona, mercados y tianguis abrieron de nuevo, escuelas reanudaron clases con normalidad y los transportistas retomaron rutas que habían acortado. “Se siente más seguro, ya podemos salir temprano al tianguis”, dijo una vendedora del mercado local, que pidió anonimato por miedo a represalias.

La presencia militar y policial funcionó, en el corto plazo, como un estabilizador: patrullajes visibles, retenes y recorridos a pie generaron confianza entre quienes viven del comercio informal y el sector servicios. La Secretaría de Marina (Semar) y la Guardia Nacional comunicaron a medios que su labor es mantener el orden público mientras avanzan las indagatorias, aunque no precisaron plazos.

No obstante, la calma es frágil. Muchos vecinos celebran el retorno a la rutina, pero advierten que la solución no pasa solo por más uniformes. “Hace falta justicia y transparencia; queremos saber qué pasó y que no sea solo un parche”, comentó un profesor de la ciudad, señalando la necesidad de procesos judiciales claros y municipales estables.

En ese punto coinciden organizaciones civiles consultadas: la intervención temporal puede contener la violencia y restablecer servicios, pero no sustituye reformas municipales ni mecanismos de rendición de cuentas. La detención de un alcalde expone problemas estructurales: debilidad institucional, tejidos sociales tensionados y la necesidad de fortalecer contrapesos locales que eviten vacíos de poder.

El impacto económico también es palpable. Comerciantes pequeños calculan pérdidas por los dos días de cierre, pero reconocen que la reapertura permitirá recuperar parte de lo perdido. Las autoridades locales y federales, según fuentes consultadas, trabajan en coordinación para garantizar suministro de energía, agua y seguridad en puntos estratégicos.

Quedan preguntas que la ciudadanía exige responder: ¿qué responsabilidades asumirán las autoridades municipales y estatales? ¿Se abrirán procesos transparentes que permitan cerrar la herida política sin dejar impunidad? Organizaciones de la sociedad civil, entre ellas colectivos de derechos humanos y cámaras locales, han pedido que cualquier actuación se haga con respeto a garantías legales y con claridad informativa.

La situación en Juchitán es un recordatorio: la seguridad visible puede calmar por un tiempo, pero la reconstrucción de la convivencia exige instituciones fuertes, fiscalización efectiva y una participación ciudadana organizada. En palabras de una vecina: <i“Necesitamos que esto no sea solo un respiro; queremos cambios que duren”. La responsabilidad ahora recae en autoridades federales, estatales y en el propio tejido social para convertir ese respiro en estabilidad duradera.

Fuente: La Jornada, testimonios locales y comunicación oficial de la Semar y la Guardia Nacional.

Con información e imágenes de: informador.mx