Sheinbaum afirma que la era dorada del empleo llegó, pero la realidad no es uniforme

La Presidenta destacó los aumentos en el salario mínimo, la creación de empleos formales y las reformas laborales aprobadas como pruebas de que «la era dorada del empleo» ya está en marcha. Según el gobierno, estos cambios buscan devolver poder adquisitivo y estabilidad a los trabajadores. Sin embargo, organismos como el IMSS, el INEGI y el CONEVAL muestran una realidad con matices: avances visibles, pero retos estructurales que todavía pesan en la vida cotidiana.

En los últimos años el salario mínimo ha subido de forma sostenida, una política que la administración defiende como ganancia para millones. El Instituto Mexicano del Seguro Social registra un aumento en la afiliación al empleo formal en meses recientes, un indicador que el gobierno presenta como prueba de recuperación económica. La Secretaría del Trabajo y las reformas aprobadas en el Congreso para fortalecer la inspección y la negociación colectiva también aparecen en el balance oficial.

Sin embargo, la foto a nivel doméstico es más compleja. Según cifras del INEGI, la inflación y la pérdida de poder adquisitivo siguen erosionando parte de las mejoras salariales, y la informalidad laboral continúa siendo una realidad persistente en muchas regiones. El CONEVAL advierte que la reducción de la pobreza laboral aún es incipiente en varios estados, lo que significa que un mayor salario nominal no siempre se traduce en mayor bienestar real para las familias.

En sectores como la construcción y el comercio informal, trabajadores reportan jornadas largas y condiciones de protección social desigual. Para quienes dependen de empleos por proyecto o de la economía informal, subir el salario mínimo no elimina la precariedad ni garantiza acceso a seguridad social. Aquí aparece la principal crítica: el crecimiento del empleo formal debe acompañarse de inspección efectiva, cumplimiento de contratos, acceso a salud y pensiones, y políticas activas de capacitación.

La narrativa oficial pinta progreso; la realidad de muchos trabajadores muestra pasos adelante junto con pendientes importantes. Organizaciones civiles y sindicatos independientes insisten en que la calidad del empleo debe medirse no solo por el número de registros en el IMSS, sino por la estabilidad, la jornada laboral, la protección social y la capacidad real para cubrir la canasta básica.

Si la «era dorada» significa más ingresos y seguridad para la mayoría, la política pública tendrá que enfrentar la inflación, la dispersión regional del empleo y la informalidad. Para los ciudadanos, la clave está en exigir transparencia en los datos del empleo y en participar en los espacios de vigilancia laboral que la propia ley contempla.

Fuentes consultadas: Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).

Con información e imágenes de: informador.mx