Reloj en contra: pocas esperanzas para los atrapados en túneles tras las riadas en Nepal

Las operaciones de rescate en Nepal siguen su curso, pero cada hora que pasa reduce drásticamente las probabilidades de éxito. Las devastadoras riadas y deslizamientos que han azotado regiones montañosas han dejado carreteras cortadas, pueblos aislados y al menos un túnel donde, según autoridades locales, había entre 25 y 30 personas atrapadas.

Equipos de búsqueda, apoyados por drones térmicos, lograron ingresar de forma remota para evaluar la infraestructura. El operador del dron confirmó que la sala del túnel estaba inundada en su interior, lo que complica enormemente cualquier intento de acceso humano inmediato. La Cruz Roja de Nepal y el Ministerio del Interior han informado sobre las condiciones, y medios internacionales como Reuters y la BBC han cubierto la difícil situación.

El problema no es solo la lluvia: es la combinación de infraestructuras frágiles, respuestas lentas y límites claros en capacidades técnicas. Helicópteros y equipos especializados son escasos en zonas remotas; las carreteras bloqueadas impiden el desplazamiento de maquinaria pesada, y los equipos de rescate enfrentan el riesgo constante de nuevos deslizamientos. En estas condiciones, entrar a un túnel inundado equivale a aceptar un alto riesgo para los rescatistas y, aún así, puede ser tarde para quienes quedaron atrapados.

Desde una mirada crítica, esto revela fallas de planificación y prevención. Nepal es un país expuesto a monzones y a un patrón creciente de eventos extremos ligado al cambio climático, pero la inversión en sistemas de alerta temprana, gestión del riesgo y mantenimiento de infraestructura ha sido insuficiente. Según expertos citados por la Cruz Roja de Nepal y reportes periodísticos, la falta de coordinación entre agencias y la carencia de recursos han aumentado la vulnerabilidad de comunidades enteras.

Las consecuencias son humanas y concretas: familias separadas, comunidades sin acceso a atención médica, y trabajadores de rescate forzados a tomar decisiones donde el margen de error es mínimo. La situación exige no solo ayuda inmediata —más equipos de bombeo, buzos especializados, y apoyo aéreo— sino reformas profundas: ejecutar proyectos que prioricen la seguridad de vías, túneles y viviendas en laderas, y fortalecer redes comunitarias de respuesta.

Organizaciones internacionales y gobiernos vecinos han sido llamados a colaborar, mientras residentes y voluntarios locales siguen intentando contener daños y buscar sobrevivientes. La historia de estos días en Nepal es, además de una tragedia, una llamada a cambiar prioridades: prevenir cuesta menos y salva más vidas que reaccionar cuando el reloj ya corre en contra.

Fuentes: Ministerio del Interior de Nepal, Cruz Roja de Nepal, Reuters, BBC.

Con información e imágenes de: France 24