Dos Bocas salvó al país, dice Sheinbaum; el beneficio tiene factura ambiental
En su Segundo Informe de Gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que la refinería de Dos Bocas fue clave para evitar una crisis de desabasto de gasolina en México. Según la mandataria, la obra —heredada de la administración anterior pero operada y reportada ahora por Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Secretaría de Energía— disminuyó la necesidad de importar combustibles en momentos de tensión internacional y de fallas en plantas privadas.
La afirmación llega en un informe que, además de celebrar la garantía en el abasto, enlistó avances en materia energética y ambiental. Pemex, citado por el gobierno, destaca volúmenes de producción de petrolíferos y una supuesta mejora en la seguridad del suministro. La Secretaría de Energía presentó cifras que, según el Ejecutivo, muestran menor exposición de la economía a shocks externos que elevan los precios y provocan largas filas en las gasolineras.
Para la gente, esto se traduce en dos efectos concretos: menos interrupciones en el surtido de combustible y, en algunos momentos, menor presión sobre el precio en estaciones locales. Para camioneros, empresarias y familias que usan el auto a diario, la continuidad del abasto pesa en el bolsillo y en la planificación de rutas y gastos.
Pero la historia no es solo de ventaja. Organizaciones como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) y expertos en energía han advertido sobre el costo ambiental y económico de priorizar la refinación de crudo en un contexto de compromisos climáticos. La construcción y operación de Dos Bocas implican emisiones directas y riesgos para ecosistemas en la región de Paraíso, Tabasco, apuntan las ONG. Además, analistas consultados por medios como El Financiero y por especialistas independientes insisten en que la economía de las refinerías a veces resulta cara frente a comprar combustibles en el mercado internacional.
Hay, además, una cuenta fiscal: inversión pública elevada, posibles sobrecostos y la necesidad de transparencia en contratos y compras. Sheinbaum respondió en el informe que se han tomado medidas para mitigar impactos ambientales y para auditar la gestión, aunque críticos señalan que los mecanismos de rendición todavía no son suficientes.
En resumen, la narrativa del Ejecutivo es clara: Dos Bocas funcionó como un salvavidas en momentos críticos. La versión de instituciones como Pemex y la Secretaría de Energía respalda esa lectura. Sin embargo, ciudadanos y organizaciones piden que ese salvavidas no signifique hipotecar bosques, humedales o el avance hacia una energía más limpia. Si la refinería mantuvo las bombas llenas, falta ahora que su costo social y ambiental se mida con la misma seriedad que se presume para la seguridad energética.
La discusión sigue abierta: el reto es que la estabilidad en el surtido de gasolina vaya acompañada de transparencia, controles ambientales efectivos y una política energética que piense en el futuro de las próximas décadas.
