Taiz resiste el asedio: la ciudad yemení que complica el avance hutí

En una guerra de líneas borrosas, Taiz se ha convertido en un nudo estratégico y humano que cuestiona la capacidad de las partes y de la comunidad internacional para proteger a la población civil.

La ciudad de Taiz, ubicada en el suroeste de Yemen, lleva años atrapada entre frentes. Lo que para los insurgentes hutíes representa una pieza clave para consolidar control sobre rutas y territorios, para sus habitantes es un territorio de vida cotidiana bajo asedio. Naciones Unidas y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) han advertido repetidamente sobre la situación humanitaria: cortes de suministros, hospitales con pocos insumos y barrios convertidos en zonas de fuego cruzado.

La ofensiva hutí, que ganó impulso desde 2014 y se ha mantenido en distintos momentos, choca en Taiz con una mezcla de fuerzas leales al gobierno, milicias locales y una población que resiste. Informes de Human Rights Watch y periodistas de Reuters y Al Jazeera documentan ataques indiscriminados y bloqueos que dificultan el acceso a alimentos, agua y atención médica. Los testimonios recogidos por estas agencias describen mercados cerrados, ambulancias incapaces de transitar y familias que viven con el temor constante de artillería y francotiradores.

El golpe no es solo físico: la economía local se ha deteriorado, escuelas han dejado de funcionar regularmente y la falta de infraestructura sanitaria agrava enfermedades prevenibles. ACNUR y la Cruz Roja Internacional han señalado que los desplazamientos internos y la inseguridad complican la labor humanitaria, mientras el Panel de Expertos de la ONU ha vinculado el apoyo externo a los hutíes con una dinámica de militarización que hace más difícil cualquier solución política.

Desde una mirada crítica, no es suficiente señalar a un solo actor. Las autoridades regionales y la coalición que intervino en años anteriores también han cometido errores que costaron vidas y oportunidades para proteger a civiles, según informes de organizaciones internacionales citadas por Reuters y Human Rights Watch. Esa falta de responsabilidad compartida ha dejado a la población en una nebulosa entre política, geoestrategia y abandono.

Sin embargo, en medio del fuego, emergen iniciativas comunitarias: comités vecinales organizan la distribución de agua y medicinas y organizaciones no gubernamentales intentan mantener escuelas y clínicas aún en condiciones precarias. Esa resiliencia es la que, según OCHA y ACNUR, debe recibir mayor apoyo con corredores humanitarios seguros, presión diplomática para ceses al fuego localizados y medidas para garantizar rendición de cuentas por violaciones a los derechos humanos.

Taiz no es solo un punto en un mapa militar. Es un mosaico de barrios, oficios, familias y proyectos truncados. La manera en que se proteja a esa ciudad en los próximos meses será un termómetro de la voluntad internacional y regional para anteponer la vida civil a intereses estratégicos. Organizaciones como Naciones Unidas, Human Rights Watch y ACNUR insisten en medidas urgentes; la pregunta es si la política puede finalmente ponerse a la altura de esa urgencia.

Con información e imágenes de: France 24