Taiz resiste al avance hutí: ciudad sitiada que frena el impulso del grupo

La estratégica ciudad, señalada por la ONU y Human Rights Watch, sufre el coste humano de una guerra que la ha convertido en un laberinto de asedios y cortes

Taiz se ha ido transformando en nombre y en mapa: una ciudad que, por su posición entre el sur y el noroeste de Yemen, impide a los hutíes consolidar un avance fácil hacia las zonas controladas por el gobierno. Ese papel estratégico la ha convertido en uno de los mayores bastiones de resistencia, pero también en un punto donde la población paga la factura más alta. Así lo documenta la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) y lo han denunciado organizaciones como Human Rights Watch.

Desde hace años los habitantes de Taiz viven atrapados entre líneas de fuego. Los combates y los puntos de control han interrumpido el acceso a alimentos, combustible y medicinas; los hospitales operan con recursos mínimos y escuelas permanecen cerradas o convertidas en refugios improvisados. La Cruz Roja Internacional ha advertido repetidamente sobre la dificultad para entregar ayuda humanitaria en condiciones de seguridad.

Los expertos recuerdan que los hutíes reciben respaldo político y material de actores regionales, algo señalado por Estados Unidos y analistas internacionales, y que esto alimenta campañas militares más sostenidas. Aun así, la resistencia local y la fragmentación del conflicto han impedido que el grupo logre controlar Taiz por completo.

En reportes de Reuters y testimonios recogidos por ONGs, residentes describen rutas de escape cortadas y la sensación de vivir «entre dos fuegos». Un maestro que habló con Reuters relató la incertidumbre de ver cómo se reducen las fuentes de trabajo y cómo las remesas y las ayudas internacionales no alcanzan para cubrir las necesidades básicas.

El impacto no es sólo militar: la economía local está rota, las redes de salud colapsadas y el tejido comunitario sometido a estrés extremo. OCHA estima que miles de familias en la gobernación de Taiz necesitan asistencia urgente, mientras que Human Rights Watch ha documentado prácticas que restringen la movilidad civil y agravan la situación humanitaria.

La ciudad, en ese sentido, funciona como un freno táctico al avance hutí, pero ese freno tiene un precio: vidas, oportunidades y derechos básicos. La comunidad internacional y las partes en conflicto han multiplicado llamados a corredores humanitarios y a ceses de hostilidades temporales. Sin una respuesta coordinada y con respeto por el derecho humanitario, Taiz seguirá siendo un punto de resistencia convertido en jaula para su propia población.

Organizaciones como OCHA, Human Rights Watch y la Cruz Roja subrayan la urgencia de garantizar acceso seguro para ayuda, supervisión de derechos y soluciones políticas que saquen a la población civil del fuego cruzado. Tras años de guerra, la lección es clara: proteger a Taiz no es apenas una decisión estratégica, es una obligación humanitaria.

Fuente: Naciones Unidas (OCHA), Human Rights Watch, Reuters y Comité Internacional de la Cruz Roja.

Con información e imágenes de: France 24