Sonora reactiva exportación de ganado a Estados Unidos: qué cambia para el campo
La reapertura del mercado estadounidense para bovinos en pie es, en palabras de funcionarios estatales, «una bocanada de oxígeno» para Sonora. El Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) y el Gobierno de Sonora anunciaron que se cumplen los requisitos sanitarios exigidos por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), lo que permite retomar ventas que habían estado limitadas por controles y auditorías. Para el campo sonorense, esto significa más demanda y posibilidades de ingreso, pero también nuevos desafíos que no conviene maquillar.
Lo positivo es claro: la exportación a Estados Unidos reactiva una cadena productiva que va desde pequeños productores y transportistas hasta rastros, engordas y exportadores. Según comunicados de la Secretaría de Agricultura y del propio Gobierno de Sonora, los ganaderos podrán acceder a mejores precios y contratos a futuro, lo que alivia la liquidez de muchas rancherías tras años de volatilidad en los mercados y sequías recurrentes. Para comunidades rurales donde la actividad pecuaria es el sustento, la oportunidad de colocar animales en un mercado que paga primas por calidad sanitaria y genética es una ventaja tangible.
Pero no todo es color de rosa. Recuperar acceso a Estados Unidos implica cumplir controles estrictos: pruebas de brucelosis y tuberculosis, programas de trazabilidad, manejo en corrales de cuarentena y certificaciones que encarecen la operación. Son requisitos que las autoridades sanitarias federales y estatales celebran, pero que impactan de forma desigual. Grandes feedlots y exportadores integrados tienen la capacidad técnica y financiera para adaptar sus procesos; pequeños productores, no.
Productores consultados en Hermosillo y municipios ganaderos coincidieron en que la burocracia y los costos de certificación pueden quedarse con buena parte de la ganancia esperada. Un ganadero de la región del Mayo, que pidió no ser citado por nombre, explicó que la exigencia de trazabilidad y las pruebas obligatorias incrementan los gastos y obligan a asociarse o vender a intermediarios para poder acceder al mercado. Ahí aparece el riesgo: que la reapertura beneficie sobre todo a los grupos más concentrados y no a las familias rurales que mantienen el tejido social del campo.
Además, expertos en sanidad animal consultados por este medio recuerdan que reabrir el comercio también exige fortalecer la vigilancia epidemiológica. SENASICA reporta avances en laboratorios y en control de enfermedades, pero la realidad en campo incluye movilidad transfronteriza, mercados regionales y falta de recursos en municipios alejados. El USDA, al evaluar la reapertura, requirió garantías en sistemas de control que no se resuelven solo con papeles sino con inversión sostenida en personal y equipamiento.
Desde la óptica ambiental y social hay otras aristas. La demanda externa puede incentivar mayor concentración de animales en sistemas de engorda intensivos, lo que supone presión sobre el uso del agua y generación de residuos en una región que sufre estrés hídrico. También puede fomentar prácticas productivas que aumenten la vulnerabilidad ante crisis climáticas si no van acompañadas de políticas públicas que promuevan manejo sustentable y acceso a financiamiento para pequeños productores.
En lo económico, la reapertura ofrece una oportunidad para recuperar divisas y reactivar empleo vinculado a la cadena cárnica. No obstante, la dependencia de un solo mercado implica exposición a cambios políticos y comerciales. La experiencia mexicana muestra que las restricciones sanitarias en el comprador pueden detener el flujo de exportaciones de la noche a la mañana; la lección es no confiar todo a un único destino.
Qué debe pasar ahora, según analistas y actores locales: primero, que el Gobierno federal y el estatal traduzcan los anuncios en apoyos concretos para productores de menor escala: subsidios temporales para certificaciones, programas de asociatividad y asistencia técnica. Segundo, que se invierta en vigilancia epidemiológica descentralizada y laboratorios locales, como pide la propia SENASICA. Tercero, que se acompañe la apertura con políticas de sostenibilidad hídrica y manejo de residuos en sistemas de engorda.
Sonora vuelve a exportar ganado a Estados Unidos y con ello la prometida recuperación económica toca a muchas puertas rurales. Pero si la reapertura se maneja como un festejo exclusivo de los grandes actores y no como una oportunidad para redistribuir beneficios y mejorar capacidades sanitarias y ambientales, el alivio será temporal y desigual. Lo dice la historia: los mercados internacionales son un motor que puede impulsar a un pueblo entero o dejar a muchos a la vera del camino si no hay políticas que garanticen equidad y control efectivo.
SENASICA, el USDA y el Gobierno de Sonora figuran hoy como responsables de que este reinicio funcione: no bastan los comunicados, hacen falta recursos, transparencia y rendición de cuentas para que la reapertura del mercado norteamericano represente un avance real para el campo y no solo un respiro para unos cuantos.
