Estados Unidos advierte con cortar acceso al dólar a quienes no respalden sanciones contra Irán
Por Carolina Valladares, desde Washington
Washington lanzó una nueva ofensiva económica contra Irán y, al mismo tiempo, apretó a sus aliados para que se alineen. El mensaje, transmitido por funcionarios del Departamento del Tesoro y recogido por Reuters, es tajante: habrá un período de espera antes de aplicar sanciones secundarias más duras, pero quienes no apoyen las medidas estadounidenses corren el riesgo de quedar aislados del sistema financiero del dólar.
La amenaza no es únicamente retórica. El dólar sigue siendo el principal lubricante del comercio global y el acceso a bancos corresponsales en Estados Unidos define la capacidad de muchos países y empresas para mover dinero internacionalmente. Cuando Washington menciona la posibilidad de cortar ese acceso es como decir que puede cerrar una llave maestra que mantiene en funcionamiento cadenas de pagos, compras de energía y envíos de insumos básicos.
Según fuentes citadas por Reuters y declaraciones oficiales del Tesoro, la administración estadounidense abrió una ventana para que aliados y socios cambien sus prácticas comerciales con Teherán antes de que comiencen a regir sanciones secundarias más amplias. En la práctica, ese período de espera pretende empujar a gobiernos europeos y otros socios a decidir si acompañan la estrategia de Washington o priorizan relaciones comerciales y energéticas con Irán.
El debate no es menor para la vida cotidiana de millones de personas. Para países con importaciones clave desde Irán o con redes bancarias que operan con clientes iraníes, la amenaza de exclusión financiera puede traducirse en aumentos de precios, dificultades para importar medicinas o repuestos industriales, y mayores costos de financiación. Desde una pyme importadora hasta hospitales que dependen de suministros, el efecto sería real y directo.
En Europa hay resistencias y cálculos complejos. Voces en Bruselas recuerdan la experiencia de sanciones anteriores: cuando se combinan presiones financieras con falta de mecanismos claros para proteger el comercio humanitario, la población civil queda expuesta. Analistas consultados por Reuters señalan que algunos países buscarán salvaguardas para evitar que sanciones amplias dañen envíos de ayuda humanitaria o comercio esencial.
Por su parte, Washington defiende su estrategia como necesaria para presionar a Teherán a cambiar comportamientos que considera peligrosos. El Tesoro sostiene que las sanciones están dirigidas a redes que financian actividades ilícitas y a sectores claves que sostienen políticas que la Casa Blanca quiere neutralizar. Sin embargo, críticos —incluidos economistas y organizaciones humanitarias— alertan sobre la falta de garantías operativas para que el castigo no termine golpeando a población civil y empresas pequeñas que no tienen alternativas fáciles.
Hay además un elemento geopolítico: países como China y Rusia probablemente seguirán manteniendo relaciones comerciales con Irán, lo que puede diluir el efecto de las medidas unilaterales estadounidenses. En este tablero, la capacidad de Estados Unidos para convencer a sus aliados europeos, latinoamericanos y asiáticos será determinante. Según Reuters, Washington confía en su influencia sobre bancos internacionales y cadenas de seguro-marítimas para lograr adhesiones, pero el costo político y económico para los aliados también se evalúa en gobiernos que ya enfrentan tensiones internas por precios y suministros.
En términos prácticos, la presión estadounidense funciona como un ultimátum con matices: una promesa de castigo si no hay alineamiento, pero con tiempo para que los socios ajusten su política. Para los observadores independientes, el foco debería estar en dos cosas: la proporcionalidad de las medidas y la existencia de mecanismos claros que protejan el comercio humanitario y el suministro de bienes esenciales.
Como periodista crítico, desde Washington observo que la estrategia de presión financiera refleja un enfoque que prioriza la coerción económica sobre la diplomacia activa. Eso puede producir resultados a corto plazo, pero también puede cerrar canales que son útiles para la negociación y la reducción de tensiones a mediano plazo. Fuentes diplomáticas citadas por Reuters llaman a combinar sanciones con canales de diálogo multilaterales y garantías para minimizar daños colaterales.
En definitiva, la decisión de los aliados no será solo técnica o económica; será también política y social. Cada gobierno tendrá que ponderar entre la lealtad a Estados Unidos, el interés por mantener relaciones comerciales con Irán y la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos de efectos secundarios económicos. La ventana de espera que anunció Washington es, en ese sentido, una cuenta regresiva que obliga a elegir rumbo.
Desde Washington, Carolina Valladares.
