Supervivientes rastrean entre lodo a sus seres queridos tras riada en Nepal

Dolor, críticas y urgencia climática en Rasuwa después del desprendimiento glaciar

Una riada que nació de un desprendimiento glaciar arrasó el distrito de Rasuwa, en la frontera con China, el 26 de agosto de 2026 y dejó un paisaje taladrado por el lodo y la desesperación. Según Reuters, hay al menos 160 personas muertas y cientos desaparecidas; miles más han perdido casas y cultivos en cuestión de minutos.

«Todo vino como una pared de barro y agua, nos cubrió en segundos», cuenta Kamala Tamang, que pasó la noche buscando bajo cascotes y fango a su hijo. «La gente movía manos, piedras, lo que fuera. Era como buscar agujas en un colchón». Los relatos de sobrevivientes recogidos por la Cruz Roja de Nepal describen escenas de familias escarbando con palas y sus propias manos, guiadas por el instinto más que por equipos.

La respuesta del Estado fue rápida en despliegue, pero imperfecta en prevención. Reuters señala que el ejército y rescates locales trabajaron desde las primeras horas, y agencias internacionales, incluida la ONU, han ofrecido apoyo humanitario. Sin embargo, vecinos y líderes comunitarios critican la falta de un sistema de alerta eficaz y de mapas de riesgo actualizados en una zona conocida por glaciares inestables.

Este desastre no cae en el vacío: expertos consultados por organizaciones humanitarias vinculan la mayor frecuencia de desprendimientos y riadas glaciares al calentamiento y al retroceso de los glaciares, factores que obligan a repensar infraestructuras y políticas en zonas de montaña. La tragedia de Rasuwa revela una brecha entre la creciente vulnerabilidad climática y las inversiones públicas en prevención y planificación territorial.

Mientras llegan camiones con agua, tiendas y medicinas, las tareas de búsqueda se complican por el terreno inestable y la falta de equipos pesados en zonas remotas. «La logística nos está comiendo», admite un funcionario local citado por Reuters, que pide más recursos y coordinación regional.

La sociedad civil nepalí y ONG piden algo más que ayuda de emergencia: reclaman planes de reubicación seguros, sistemas de monitoreo glaciar financiados públicamente y programas de resiliencia para comunidades de altura. En palabras de un dirigente comunitario, «no queremos sólo limosna, queremos que nuestras vidas valgan tanto como los proyectos turísticos y las carreteras que vienen después».

En medio del luto, las manos que raspan el barro buscan cerrar una herida abierta por la naturaleza y por decisiones humanas que, según voces locales y fuentes como Reuters y la Cruz Roja de Nepal, deben revisarse con urgencia. La riada de Rasuwa es una llamada —dolorosa y clara— para priorizar prevención, ciencia y justicia climática en el corazón de las políticas públicas.

Con información e imágenes de: France 24