Rachel golpea el Pacífico; simón acecha al sur de México

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) mantiene en vigilancia una zona de baja presión frente a las costas del Pacífico sur, que abarca el litoral de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, y que presenta 70% de probabilidad de desarrollo ciclónico en siete días. Si las condiciones se mantienen, la perturbación podría convertirse en el ciclón tropical que llevaría por nombre Simón, según los propios pronósticos del SMN y la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).

Rachel ya dejó la huella de su paso por el Pacífico: lluvias intensas, oleaje elevado y comunidades costeras en alerta. Ahora la posibilidad de un nuevo sistema obliga a preguntar no solo qué hará la atmósfera, sino cómo responderán las instituciones y, sobre todo, quiénes pagarán el costo real. En México, los golpes del clima suelen golpear primero a la gente más expuesta: pueblos pesqueros, campesinos de laderas y barrios con drenaje deficiente.

Los riesgos son concretos y conocidos. El SMN y CONAGUA alertan sobre lluvias puntuales torrenciales que pueden provocar inundaciones y deslaves en zonas montañosas, especialmente en Oaxaca y Chiapas, donde la deforestación y la precariedad de la infraestructura agravan el impacto. El oleaje elevado amenaza embarcaciones menores y la pesca ribereña, actividad que sostiene a miles de familias que ya viven con ingresos irregulares.

La respuesta institucional ha mejorado en algunos frentes: la red de monitoreo satelital y las alertas tempranas han permitido avisos más rápidos. Sin embargo, persisten fallas que no deben normalizarse. La coordinación entre la federación y los gobiernos estatales suele ser desigual; hay municipios que carecen de rutas de evacuación señalizadas, albergues con capacidad insuficiente o planes claros para proteger infraestructura crítica como centros de salud y escuelas. Protección Civil y la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC) están activas, pero la eficiencia se mide en minutos cuando el agua sube.

La solución no es solo mandar avisos por la radio o redes sociales. Es invertir en drenaje urbano, en reforestación de cuencas, en obras que mitiguen la erosión y en viviendas dignas. Es garantizar que los albergues tengan recursos, alimentos y personal capacitado. Es reconocer que la prevención cuesta menos que el apoyo emergente después del desastre. Así lo recuerdan especialistas consultados por este medio y es una lección que el país repite cada temporada de ciclones.

Para la gente en la costa, las recomendaciones oficiales son claras: no salir a la mar, asegurar enseres, revisar techos y cisternas, y atender las alertas de Protección Civil local. Para las autoridades, el reto es coordinar mensajería que llegue a radios comunitarias y a zonas con poco acceso a internet, y activar protocolos sin esperar a la llegada del fenómeno. La transparencia también importa: divulgar mapas de riesgo y planes de contingencia reduce rumores y permite que la ciudadanía tome decisiones informadas.

En términos económicos, una tormenta de intensidad moderada puede dañar cultivos de temporada, afectar la pesca y complicar la logística en puertos y carreteras. Para las comunidades indígenas y rurales, donde el Estado llega con menos fuerza, el impacto puede ser persistente: pérdida de cosechas, viviendas dañadas y mayor vulnerabilidad alimentaria.

No se trata de alarmar, sino de obligar a actuar. El SMN y CONAGUA hacen su parte al monitorear y emitir avisos; corresponde ahora a autoridades estatales y municipales convertir las alertas en acciones concretas y a la sociedad organizada exigirlo. En un país que vive con fenómenos extremos cada vez más frecuentes, la prevención es una política pública que salva vidas y reduce desigualdades.

Si Simón llega a formarse, será una prueba más del sistema de protección civil. El gobierno debe demostrar que aprendió de Rachel y de temporadas anteriores: que las alertas se traduzcan en evacuaciones ordenadas, en protecciones para el sector productivo local y en apoyos inmediatos a quienes pierden su patrimonio. Los ciudadanos, por su parte, merecen información veraz y acceso a recursos para enfrentar la contingencia.

El reloj meteorológico avanza. El SMN seguirá actualizando el pronóstico en las próximas 72 horas. Mientras tanto, la pregunta central no es solo si Simón se conformará con pasar por la ventana del Pacífico; es si México está listo para reducir, de manera permanente, la factura humana y económica que trae cada temporada de tormentas.

Con información e imágenes de: informador.mx