Morera: el autoritarismo de Sheinbaum fracturó la democracia y profundizó la impunidad
La activista Morera aseguró que el estilo autoritario de la dirigente morenista Claudia Sheinbaum «fracturó» los mecanismos democráticos y abrió la puerta a una red de complicidades que hoy protegen la corrupción. «El mayor problema no es solo el alto nivel de corrupción, es la impunidad y la connivencia con el gobierno en turno», dijo Morera durante su intervención, según declaraciones recogidas por la propia activista.
Para Morera, la democracia quedó como una mesa agrietada: las instituciones ya no sostienen el debate público y las decisiones se toman desde arriba, sin contrapesos efectivos. Esa concentración de poder, explicó, facilita que contratos públicos se asignen sin transparencia y que denuncias ciudadanas queden enterradas en trámites administrativos.
Organizaciones como Transparencia Mexicana han documentado desde hace años que la corrupción y la impunidad son dos caras de la misma moneda: cuando no hay investigaciones independientes ni sanciones creíbles, las prácticas corruptas se reproducen. Morera señala que esa realidad tiene efectos concretos en la vida cotidiana: obras públicas inconclusas, servicios de salud saturados y familias que no reciben justicia ante abusos o despojos.
El argumento de la activista no evita matices. Reconoce avances en programas sociales y políticas públicas con impactos positivos, pero alerta que esos logros se pierden si las instituciones se debilitan. «Puedes repartir beneficios, pero si al mismo tiempo cerrás espacios de participación y permitís impunidad, la democracia termina siendo una fachada», agregó Morera.
El diagnóstico que plantea la activista plantea preguntas operativas: ¿cómo reconstruir contrapesos institucionales? ¿Quién audita las contrataciones y cómo se protege a denunciantes? Morera propone fortalecer órganos autónomos, garantizar fiscalías independientes y recuperar transparencia en la contratación pública, medidas respaldadas por las demandas de organizaciones civiles y académicos.
En la práctica, la erosión democrática que describe tiene ganadores y perdedores. Ganadores: redes clientelares y empresas afines que prosperan con contratos opacos. Perdedores: ciudadanos que dependen de servicios públicos y víctimas que buscan verdad y reparación. Esa dinámica, dice Morera, erosiona la confianza social y aumenta la desafección política.
El llamado de la activista es claro y cercano: más participación ciudadana, vigilancia comunitaria de las políticas públicas y presión para que las instituciones investiguen con independencia. Para Morera, sin estas medidas la democracia seguirá fracturada; con ellas, hay posibilidad de reparación.
Este diario recoge y contrasta estas posiciones con informes de Transparencia Mexicana y testimonios de organizaciones sociales, con la intención de abrir un espacio de debate público donde se ponga en juego tanto la rendición de cuentas como la protección del bien común.
