A los 90, homenaje en la unam reafirma por qué Cárdenas sigue siendo clave
En mayo de 2024 la Universidad Nacional Autónoma de México organizó un homenaje a la trayectoria de Cuauhtémoc Cárdenas por sus 90 años, un acto que, según la UNAM, reunió a académicos, activistas y ciudadanos preocupados por el rumbo de la democracia en el país. La ceremonia puso en escena no solo los logros de quien fue artífice de la pluralidad política moderna, sino también las tensiones que persisten en la izquierda mexicana.
Hijo del general Lázaro Cárdenas, Cuauhtémoc ha sido un símbolo de la búsqueda de instituciones más abiertas y de la defensa de la justicia social. Su papel en la fragmentación del viejo monopolio priista y en la conformación de una oposición organizada dejó como saldo una agenda pública más variada: elecciones competitivas, mayor visibilidad de demandas sociales y el impulso de gobiernos locales con mayor autonomía. Esa huella fue recordada en la unam como un puente entre la memoria histórica y la urgencia de mantener vigentes los mecanismos republicanos.
Pero el homenaje no fue una velada sin matices. Voces críticas —entre especialistas y jóvenes asistentes— subrayaron que la trayectoria de Cárdenas también refleja los límites del personalismo y las divisiones partidarias que han lastrado proyectos de izquierda. La formación de alianzas efímeras, la incapacidad para consolidar estructuras partidarias estables y la dispersión de liderazgos fueron señaladas como factores que, aun siendo herencia de tiempos de transición, condicionan hoy la capacidad de la izquierda para transformar políticas públicas de fondo.
En términos concretos, el legado de Cárdenas tiene efectos palpables en la vida cotidiana: la competencia electoral abrió espacios para que ciudadanos elijan agendas en salud, educación y transporte; pero la volatilidad política ha impedido la continuidad de programas sociales de largo plazo y ha dejado a comunidades rurales y urbanas con promesas a medias. Ese contraste fue puesto en relieve por investigadores presentes en el acto, quienes pidieron aprovechar la memoria histórica para construir instituciones menos dependientes de figuras y más centradas en resultados.
El homenaje en la unam también sirvió para recordar episodios claves, como la controversia de 1988 que marcó la percepción pública sobre la fragilidad de los procesos electorales. Para muchos, aquel episodio enseñó que la democracia no es un estado sino un trabajo cotidiano: vigilancia ciudadana, sistemas electorales robustos y partidos responsables. Ese aprendizaje, dijeron algunos oradores, tiene hoy la misma vigencia frente a riesgos de concentración del poder y de desinformación.
En el terreno simbólico, Cárdenas sigue siendo una brújula moral para amplios sectores: su insistencia en el debate plural y el respeto institucional alimenta la cultura cívica. Pero esa brújula tiene que traducirse en políticas claras. El desafío que quedó en el auditorio de la unam fue simple y exigente: convertir la memoria en propuestas viables que mejoren servicios públicos, reduzcan la desigualdad y refuercen la participación ciudadana.
Lejos de convertir al homenaje en un monumento inmóvil, la Universidad Nacional planteó la necesidad de dialogar sobre errores y aciertos. Esa actitud, crítica pero constructiva, recuerda que el legado político no se guarda en vitrinas; se ejercita. Y mientras Cárdenas siga presente como referente, la tarea para la izquierda mexicana es no limitarse a la nostalgia: trabajar en nuevas formas de organización, rendición de cuentas y políticas que entreguen resultados concretos a la gente.
La UNAM cerró el acto con la invitación a la reflexión pública: reconocer la importancia de figuras como Cárdenas sin perder de vista que la democracia exige actualización constante. El mensaje fue claro para quienes asistieron: la historia sirve de faro, pero el timón lo tienen hoy las nuevas generaciones que deberán convertir su legado en instituciones útiles para la mayoría.

