Sube la producción de leche en el sureste; Plan Campeche muestra avances y deja pendientes
La paraestatal Liconsa reporta un repunte en los indicadores de producción lechera en los estados del sureste del país, mientras el llamado Plan Campeche avanza en obras e intervenciones gubernamentales. Los datos oficiales, difundidos por Liconsa y por autoridades federales, pintan un cuadro de recuperación productiva que, sin embargo, convive con problemas estructurales que no se resuelven con anuncios.
Productores y técnicos consultados por este periódico coinciden en que la mayor salida al mercado institucional, con compras de la paraestatal, ha incentivado la entrega de más litros. Para muchas familias campesinas, la demanda de Liconsa se ha convertido en una bocanada de oxígeno: más ingresos para pagar forrajes, medicinas para el hato y gastos básicos. Es el efecto tangible de una política pública que, cuando funciona, llega directo al bolsillo.
Pero el avance tiene doble faz. Según Liconsa, el aumento de la producción no ha ido acompañado de soluciones definitivas para el costo de los insumos, el acceso al crédito a tasas bajas ni la mejora de la cadena de frío en zonas rurales. Productores del interior del sureste reportan problemas logísticos para entregar leche fresca, pagos que a veces se retrasan y precios que apenas compensan el aumento en los precios del alimento para animales.
En paralelo, el Plan Campeche, la estrategia federal que busca combinar seguridad con desarrollo económico y social en la entidad, muestra avances en infraestructura y en la articulación de programas de apoyo a productores. El gobierno ha resaltado obras viales y operativos de seguridad que, en teoría, facilitan la movilización de mercancías y la llegada de insumos. La presencia de recursos públicos ha permitido activar proyectos locales, pero la percepción en terreno es mixta.
Expertos en desarrollo rural consultados señalan que las inversiones iniciales son necesarias pero insuficientes si no se aterrizan en políticas de largo plazo: capacitación técnica, sistemas de riego eficientes, certificación de calidad y esquemas financieros consistentes. Sin esas piezas, la producción puede crecer hoy y volver a estancarse mañana, como un río que sube tras la lluvia pero no cambia su cauce.
El reto para Liconsa y para el gobierno federal, incluyendo a la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, es convertir el impulso en transformación sostenible. Eso implica transparencia en la asignación de recursos, mediciones periódicas accesibles a la ciudadanía y participación real de los productores en la toma de decisiones. Sin rendición de cuentas, los avances pueden quedar en titular y no en mejora durable de las condiciones de vida.
En los pueblos donde la leche es sustento, la gente celebra el aumento de producción, pero también reclama garantias: precios justos, pagos puntuales y apoyo técnico para mejorar productividad sin dañar el ambiente. Si el Plan Campeche pretende ser un motor de desarrollo, tendrá que demostrar que sus beneficios llegan de forma equitativa y que no dejan fuera a los más vulnerables.
La historia en el sureste es, por ahora, de pasos adelante con sombras detrás. Liconsa y el gobierno federal pueden presumir cifras de crecimiento, pero el verdadero termómetro será si esas cifras se traducen en mayor bienestar, manos de obra estable y campos manejados con mirada de largo plazo.

