Hutíes ponen en jaque la ruta marítima de bab el-mandeb tras tomar perim
Los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, se hicieron con el control de la isla de Perim el viernes 11 de septiembre, según reportó Reuters, lo que les da un dominio de facto sobre la entrada al estrecho de Bab el-Mandeb. Esa franja de mar, una especie de cuello de botella entre el Mar Rojo y el Golfo de Adén, es vital para el tráfico marítimo que conecta Europa con Asia y para las exportaciones de crudo que esquivan el estrecho de Ormuz.
La toma de Perim no es solo una foto militar: es una mano sobre la válvula de una tubería logística global. Empresas navieras y mercados energéticos ya miden riesgos. La posibilidad de interrupciones obliga a barcos a desviarse por el Cabo de Buena Esperanza, lo que encarece tiempos y costes y puede trasladarse al precio de la energía y de bienes cotidianos. Reuters subraya que varios armadores han informado de alteraciones y que navieras internacionales estudian rutas alternativas.
Además del impacto económico, la maniobra tiene una intención geopolítica clara. Para Teherán y sus aliados en la región, presionar Bab el-Mandeb es una contrapartida al uso del estrecho de Ormuz como arma estratégica. La presencia hutí cerca de rutas comerciales sensibles obliga a potencias como Estados Unidos y el Reino Unido a reforzar patrullas navales, una respuesta que, según la ONU, podría intensificar la militarización de una zona ya frágil y complicar la llegada de ayuda humanitaria a Yemen.
El riesgo inmediato es doble: ataques selectivos a buques comerciales —que ya se han reportado en meses recientes— y el aumento de las primas de seguro y fletes. Para los ciudadanos, eso se traduce en combustibles más caros y una cadena de suministros más lenta para productos básicos. La Agencia de la ONU para la Alimentación y la Agricultura y otras entidades humanitarias alertaron de que cualquier restricción al tránsito marítimo puede agravar la crisis humanitaria en Yemen, donde millones dependen de las importaciones para sobrevivir.
La responsabilidad global también es doméstica. Las respuestas militares sin diálogo con actores locales y regionales tienden a prolongar conflictos. Un artículo reciente de Reuters recoge que algunos países del Golfo han aumentado presencia naval, pero expertos consultados por medios internacionales advierten que la solución durable pasa por combinar presión internacional para frenar ataques a la navegación con un esfuerzo serio de mediación política en Yemen.
Desde una perspectiva crítica, las instituciones multilaterales han mostrado reactividad más que previsión. Si los mecanismos de control y sanción fallan, la población civil será la que pague la cuenta. La ONU y los organismos de seguridad marítima deben priorizar corredores seguros para la ayuda y supervisión imparcial del tránsito comercial, mientras la comunidad internacional condiciona cualquier acción a salvaguardar el acceso humanitario.
En el terreno, la captura de Perim es también un recordatorio de la fragmentación y descomposición del estado en Yemen. Para muchos yemeníes, la pelea por control territorial no es solo geoestrategia; es la diferencia entre recibir o no alimentos, medicinas y combustible. Cualquier enfoque que ignore la dimensión social y humanitaria será corto de miras.
La lección es clara: la seguridad marítima no es un asunto aislado de cancillerías y portaviones, es una cuestión que toca bolsillos y platos en las mesas de familias de todo el mundo. Frente a ello, la vía responsable exige dos acciones simultáneas: contener militarmente los ataques a la navegación y, al mismo tiempo, abrir una ventana diplomática real para avanzar en una salida política que restituya al menos mínimas condiciones de normalidad para la población yemení. Así lo recomiendan organizaciones internacionales citadas por Reuters y la propia ONU.
Mientras tanto, los ciudadanos, consumidores y trabajadores deberían exigir a sus gobiernos transparencia sobre las medidas adoptadas y cómo se protegerán los suministros esenciales sin sacrificar la asistencia humanitaria. La geopolítica del estrecho de Bab el-Mandeb ya no es un reclamo lejano: es una realidad que condiciona la vida cotidiana y exige respuestas multilaterales, estrictas en su propósito y humanas en su aplicación.
