Brics amplía su bloque pero las grietas internas y las guerras globales ponen en riesgo su unidad
Nueva Delhi.— La XVIII cumbre del BRICS, que se celebra entre el 12 y 13 de septiembre en Nueva Delhi, llega como un examen de estrés para un club que este año ganó miembros y visibilidad, pero también evidenció profundas disidencias. Según Reuters y BBC, a la reunión asisten más de veinte jefes de Estado, entre ellos Vladimir Putin, Xi Jinping y el iraní Masoud Pezeshkian, en un momento marcado por la guerra en Ucrania, el conflicto en Medio Oriente y la creciente tensión entre Washington y Pekín.
La ampliación que dejó al bloque con once economías —un proceso ampliamente cubierto por Financial Times y Al Jazeera— pretendía darle músculo global y representación a países de Asia, África y América Latina. En la práctica, sin embargo, la casa ganó habitaciones pero no necesariamente un plano compartido: hay divergencias sobre sanciones, alianzas militares y cómo responder a crisis humanitarias.
El equilibrio entre pragmatismo económico y posturas geopolíticas se ha vuelto frágil. Rusia busca el respaldo tácito sobre su guerra en Ucrania; varios miembros árabes y musulmanes exigen respuestas más firmes a la ofensiva israelí en Gaza; y China busca impulsar proyectos de infraestructura y comercio que profundicen su influencia. Como advierte The Guardian, esas prioridades no siempre convergen.
¿Qué está en juego para la gente común? Primero, el comercio y el empleo. Un BRICS más coordinado podría impulsar acuerdos que faciliten exportaciones e inversiones en sectores como energía y agricultura, beneficiando a productores y trabajadores. Pero si la fractura política se traduce en desconfianza, los acuerdos se estancan y las inversiones privadas prefieren esperar. Reuters ya ha documentado cómo la incertidumbre política frena algunos proyectos energéticos.
Segundo, el terreno financiero. El debate sobre alternativas al predominio del dólar —tema que recoge Financial Times— no es solo retórica: afecta remesas, comercio internacional y el costo del crédito. Para economías vulnerables, cambios abruptos en flujos financieros pueden elevar la inflación y reducir el poder adquisitivo de las familias.
En Nueva Delhi, el primer ministro Narendra Modi juega un papel de anfitrión y mediador. India defiende una narrativa de cooperación sur-sur y desarrollo compartido, pero también necesita equilibrio frente a sanciones y presiones de socios occidentales. Esa doble presión coloca a Nueva Delhi en una posición delicada: intentar cerrar consensos sin traicionar compromisos internacionales ni su propia agenda doméstica.
Hay además un déficit de legitimidad interna. Organismos sociales y sectores progresistas observan con recelo la falta de prioridades claras en materia de derechos humanos, cambio climático y justicia social. Para un bloque que pretende presentarse como alternativa al orden occidental, la credibilidad ante sus propias poblaciones será crucial. Amnistía Internacional y Human Rights Watch han señalado en reportes recientes que los reclamos por derechos no pueden quedar fuera de la agenda si los países del BRICS quieren ser interlocutores globales serios.
La ampliación también genera tensiones logísticas y de gobernanza: cómo tomar decisiones con más miembros y cómo gestionar intereses contrapuestos sin que la toma de decisiones se paralice. El Economist y otros analistas han comparado al BRICS con una orquesta donde llegan nuevos músicos sin haber ensayado; el sonido puede ser potente, pero también discordante.
Para que la cumbre sea más que una foto de líderes, necesita resultados tangibles: acuerdos sobre infraestructura que respeten estándares ambientales y laborales; mecanismos financieros que no agraven la vulnerabilidad de las economías más débiles; y compromisos claros sobre mediación en conflictos que prioricen la protección de civiles. En ese sentido, la sociedad civil india y organizaciones internacionales esperan propuestas concretas y transparencia, según reportes de Al Jazeera.
La alternativa es el espectáculo: promesas grandilocuentes que luego se diluyen. En un mundo donde las decisiones geopolíticas terminan en la factura del supermercado o en el empleo de un barrio, la ciudadanía merece saber qué implican para su vida cotidiana los juegos de poder entre potencias emergentes.
El reto del BRICS en Delhi no es solo mostrarse unido ante cámaras; es transformar su diversidad en políticas concretas que protejan a las mayorías, no solo a las élites. Si fallan, la ampliación quedará como una suma de nombres y banderas; si aciertan, podrán ofrecer una verdadera alternativa multilateral que, bien dirigida, mejore educación, salud y trabajo en países que lo necesitan. En este cruce, como recuerda Reuters, la brújula será la capacidad de pactar sin renunciar a la responsabilidad democrática.
Fuente: Reuters, BBC, Financial Times, Al Jazeera, The Guardian.
