Rescates reanudados en Nepal mientras dos lagos ponen en vilo a la región

Los equipos de emergencia reanudaron este viernes 28 de agosto las labores de búsqueda y rescate en la franja montañosa entre el norte de Nepal y el suroeste del Tíbet, después de una breve suspensión provocada por el desbordamiento de un lago formado por la riada, informaron autoridades nepalíes y agencias como Reuters y AFP.

Más de 550 personas han muerto y más de 1.000 siguen desaparecidas, según cifras provisionales del gobierno nepalí citadas por la oficina de gestión de desastres. La magnitud de la catástrofe convirtió valles enteros en ríos de lodo y escombros, arrasando viviendas, caminos y servicios básicos. Vecinos describen escenas de pánico y gente que huyó con lo puesto mientras el agua devoraba cultivos y medios de vida.

La operación de rescate se interrumpió cuando un lago recién formado aguas arriba comenzó a desbordarse, lo que obligó a las autoridades a evaluar el riesgo antes de enviar más personal. Ahora, equipos nepalíes, apoyados por voluntarios y ONG, vuelven a las labores mientras los técnicos monitorean dos lagos situados más arriba en la cuenca, considerados potenciales fuentes de nuevas inundaciones.

El episodio expone fallas en la prevención y la gestión del riesgo. El monitoreo de lagos glaciares y sistemas de alerta temprana son herramientas conocidas, pero llegan tarde a comunidades que llevan años reclamando inversiones en infraestructura y en sistemas de evacuación. La situación recuerda que las políticas públicas no son abstractas: cuando faltan recursos, son las familias de zonas remotas las que pagan el costo.

Expertos consultados por AFP y Reuters apuntan a una combinación de lluvias intensas, deshielo acelerado y condiciones geológicas inestables como factores que detonaron la avalancha. Científicos advierten que el calentamiento global está aumentando la frecuencia de eventos extremos en el Himalaya, lo que obliga a replantear la planificación territorial y la protección de comunidades vulnerables.

En términos prácticos, las autoridades deben actuar en tres frentes: reforzar la vigilancia de cuencas y lagos glaciares, mejorar rutas de evacuación y refugios, y garantizar recursos para búsqueda, atención médica y reconstrucción. Esa agenda exige coordinación entre Nepal y las autoridades chinas en el Tíbet, donde se originó parte del flujo, una cooperación que hasta ahora ha sido lenta y opaca.

Mientras tanto, las familias esperan noticias de los suyos. Las ONG locales piden apoyo inmediato para alimentos, medicinas y alojamiento temporal. Desde una perspectiva pública, este desastre es una llamada de atención: invertir en prevención y servicios públicos no es gasto, es seguro social para quienes viven al borde de la montaña.

Reportaron sobre el terreno agencias como Reuters y AFP y las cifras provisionales provienen de las autoridades nepalíes, que mantienen activos los esfuerzos para evitar una nueva tragedia en la cuenca.

Con información e imágenes de: France 24