Chatgpt en la mira por carta de flavio bolsonaro: ¿error humano o maqueta digital?

Una explicación tecnológica para una crisis política: así resumió el influencer Paulo Figueiredo la versión sobre la polémica carta de flavio bolsonaro, que se declaró “verdadero presidente electo” tras unas elecciones que calificó como ilegítimas y que, según la narrativa, lo obligaron a huir a Estados Unidos.

Este 29 de octubre, Figueiredo afirmó que, para cerrar el comunicado, se recurrió a un chatbot y que esa herramienta habría generado la frase que luego se modificó por la palabra “líder” y la inclusión de una versión incorrecta del escudo de brasil. La explicación fue recogida por medios como Folha de S.Paulo y O Globo, que relataron las dudas sobre la autoría y el proceso editorial del texto.

La posibilidad de que un modelo de lenguaje como ChatGPT haya participado en la redacción plantea dos preguntas urgentes: quién es responsable del contenido político y cómo afectan estas prácticas a la confianza pública. Si un algoritmo redacta o sugiere afirmaciones que niegan resultados electorales, la línea entre error técnico y desinformación deliberada se vuelve tenue.

Fuentes periodísticas señalan que, más allá del dato curioso del escudo mal reproducido, lo relevante es la circulación de un relato que busca reconfigurar la legitimidad del proceso electoral. Para el Tribunal Superior Electoral y organizaciones de verificación, la aparición de mensajes así alimenta la desinformación y erosiona la convivencia democrática, según análisis publicados en medios nacionales.

Desde el punto de vista técnico, expertos consultados por periodistas explican que los chatbots generan respuestas a partir de patrones y no tienen intención política; sin embargo, su salida puede ser manipulada o tomada como definitiva por actores humanos. En la práctica, la responsabilidad sigue recayendo en quienes publican y validan los textos.

La situación exige medidas claras: transparencia sobre el uso de herramientas de inteligencia artificial en comunicados políticos, verificación de metadatos y auditorías cuando el contenido pueda afectar la seguridad institucional. También es una llamada a reglamentar la comunicación política en redes y mensajería, para que no baste un error —o una “maqueta digital”— para sembrar dudas sobre el sistema democrático.

En un país donde la polarización ya actúa como un velo sobre la información, explicaciones técnicas no deben servir de cortina de humo. La ciudadanía necesita respuestas documentadas y responsables. Como señaló Folha de S.Paulo en su cobertura, no es suficiente decir que “un chatbot lo hizo”: hay que demostrar cómo, quién lo supervisó y qué medidas se tomarán para evitar que la tecnología se convierta en herramienta de deslegitimación.

La investigación sobre la autoría de la carta continúa y, mientras tanto, la discusión trasciende a la regulación de la inteligencia artificial, la ética periodística y la defensa de las instituciones electorales. En ese escenario, el periodismo tiene la responsabilidad de explicar con claridad el impacto social de un error que, si no se acota, puede costar más que una mala imagen: puede minar la confianza en la propia democracia.

Con información e imágenes de: France 24