Derrota de trump no liberará a sheinbaum ni a morena de la presión de washington, advierte loret
El periodista señala que las instituciones y el Congreso de EE. UU. disponen de instrumentos que trascienden a un solo actor político.
Carlos Loret de Mola sostiene que, aun si Donald Trump perdiera posiciones en la política estadounidense, eso no supone un respiro automático para Claudia Sheinbaum ni para Morena frente a las demandas y presiones de Washington. La observación, formulada por Loret en su espacio de análisis, sirve como recordatorio de que la relación bilateral no depende de un solo hombre, sino de estructuras e intereses con continuidad.
Hay motivos concretos para tomar esa advertencia en serio. En los últimos años, Estados Unidos ha utilizado canales institucionales —desde el T-MEC hasta controversias comerciales y reclamos de inversionistas— para expresar desacuerdo con políticas mexicanas, en particular en materia energética, inversión y protección a empresas extranjeras. Además, el Congreso estadounidense mantiene la capacidad de condicionar cooperación en seguridad, asistencia o incluso impulsar sanciones en casos de corrupción o violaciones graves de derechos humanos.
Para el ciudadano común esto no es un juego de figurines políticos: las tensiones se traducen en riesgos para empleos vinculados a la inversión extranjera, incertidumbre en proyectos de energía que pueden impactar tarifas y costos, y en el freno a acuerdos de cooperación en seguridad que afectan la lucha contra el crimen organizado. Como metáfora, la derrota de un piloto no detiene la tormenta si el barco sigue navegando hacia aguas turbulentas.
Loret apunta además a una realidad evidente: las preocupaciones de Washington sobre Morena y la administración se han ido institucionalizando. No se trata solo de mensajes diplomáticos; son quejas formales, revisiones legales y presiones económicas. Es el caso de las disputas en torno a la política eléctrica, que han generado reclamos de empresas y controversias en el marco del acuerdo comercial trilateral.
No todo es confrontación. Desde una lectura crítica de centro-izquierda, como la que intenta mantener este diario, conviene subrayar que México necesita equilibrar defensa de su soberanía con claridad, transparencia y garantías para las inversiones y derechos laborales y ambientales. Ignorar las señales externas sin reforzar las instituciones internas es arriesgar la capacidad de negociar con autoridad y resultados.
¿Qué puede hacer el gobierno y qué piden analistas y actores sociales? Primero, abrir canales permanentes de diálogo con el Congreso y el gobierno de Estados Unidos para despejar malentendidos y mostrar compromisos concretos. Segundo, fortalecer la rendición de cuentas en temas sensibles: contratos, licitaciones y política energética. Tercero, proteger los intereses de la gente: garantizar que cualquier disputa no se traduzca en pérdida de empleos o servicios esenciales.
En palabras de Loret, reproducidas en Latinus, la derrota política de un dirigente extranjero cambia el clima, pero no borra las causas ni los efectos que llevan tiempo gestándose. Es una invitación a que Morena y su liderazgo no confíen en atajos: la relación con Washington exige gestión, institucionalidad y resultados que beneficien a la mayoría.
Para los ciudadanos, la lección es clara y práctica: exigir transparencia y políticas públicas que reduzcan la vulnerabilidad ante choques externos. La política internacional no es una gradería distante; incide en precios, empleos y seguridad. Y mientras Washington cambie de inquilino, las reglas del juego siguen ahí: quien quiera gobernar debe saber jugar con ellas sin perder de vista el interés público.
Fuente: declaraciones de Carlos Loret de Mola y contexto sobre las relaciones México-Estados Unidos.

