Lorenia valles se perfila en Morena de Sonora entre apoyo de Durazo y señalamientos por el uso del DIF

Lorenia Valles, exdiputada con paso por tres legislaturas y ex titular del Sistema DIF en Sonora, aparece como la carta fuerte de Morena en la entidad, respaldada por el gobernador Alfonso Durazo. Su ascenso despierta tanto expectación dentro del partido como críticas de la oposición, que la señala por supuestamente aprovechar programas asistenciales para impulsar su imagen política, según reportes de El Imparcial y La Jornada.

En el círculo morenista, la figura de Valles se presenta como la continuidad de una estrategia centrada en programas sociales y cercanía con comunidades vulnerables. Fuentes dentro de Morena consultadas por este medio sostienen que su experiencia en el DIF le da oficio para conectar con grupos tradicionales de votación y traducir apoyos gubernamentales en resultados electorales.

Pero en la arena pública la historia no es lineal. Dirigentes del PAN y del PRI en Sonora, así como organizaciones civiles citadas por El Imparcial, han denunciado prácticas de promoción personalizada a través de brigadas y entregas del DIF durante la gestión de Valles. La crítica no es sólo semántica: apunta a un fenómeno conocido en México, donde la línea entre asistencia social y proselitismo puede borrarse con rapidez.

La ley electoral y la normatividad sobre programas sociales buscan precisamente impedir que recursos públicos se conviertan en publicidad política. En la práctica, sin embargo, la supervisión suele llegar tarde y la fiscalización enfrenta vacíos. Por eso, explica un especialista citado en notas de La Jornada, los casos que se vuelven tendencia son los que muestran una mezcla de servicios sociales y puesta en escena política.

La jugada en Sonora tiene varios frentes. Para Durazo y sus aliados, perfilar a Valles es jugar a favor de la gobernabilidad y la territorialidad: mantener presencia en colonias y municipios donde la movilización ciudadana marca la diferencia. Para la oposición y los observadores críticos, es una apuesta arriesgada que puede alimentar denuncias de clientelismo y erosionar la legitimidad de programas pensados para protección social.

Más allá del ruido político, el elemento central aquí es la gente que recibe apoyo. Los programas asistenciales no son fichas de campaña; son servicios que afectan la alimentación, la salud y la educación de familias enteras. Si la entrega de esos apoyos queda ligada a una imagen política, se pierde parte del valor público y se abre la puerta a distorsiones. Medio como El Imparcial han recogido testimonios de beneficiarios que celebran las ayudas, pero también de quienes se sienten presionados en contextos electorales.

Morena y el gobierno estatal tienen ante sí la oportunidad de transparentar procedimientos, fortalecer controles y separar claramente ayuda social de comunicación política. Esa rendición de cuentas no es un lujo técnico: es una garantía de derecho para quienes dependen de esos programas. Si la contienda en Sonora se juega con reglas claras, ganan la ciudadanía y la democracia; si no, se corre el riesgo de convertir la ayuda en clientelismo reciclado.

Mientras tanto, la figura de Lorenia Valles seguirá en el tablero. Su perfil despierta apoyo y recelos a partes iguales, y la forma en que Morena y las autoridades respondan a las críticas será la medida real de su apuesta: ¿una política social reforzada y transparente, o una estrategia que confunde asistencia con publicidad?

Con información e imágenes de: Latinus