Mujeres chocan con una barrera invisible que las frena en el trabajo, denuncia Johanna Gómez
En el Día Internacional de la Igualdad Salarial, la radiografía de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos vuelve a encender las alertas en América Latina: Chile registra una brecha salarial del 13,6%, México del 12,4% y Costa Rica del 7,2%, según la OCDE. ¿Por qué esas cifras no bajan? Lo conversamos con Johanna Gómez, investigadora del Observatorio Laboral de la Universidad Javeriana, que habla de una “barrera invisible” más poderosa que la ley escrita.
Gómez apunta a causas conocidas y entrelazadas: la segregación ocupacional que empuja a las mujeres a empleos peor remunerados, la penalización por maternidad que retrasa o corta carreras, la carga de cuidados no repartida y un mercado laboral con amplias zonas informales. “No es solo cuánto te pagan; es cuánto puedes competir por los puestos mejor pagos cuando cargas con el doble turno en casa”, dice la investigadora.
El dato de la OCDE sirve para comparar y también para confrontar políticas. En países que han logrado recortar la brecha aparecen medidas concretas: transparencia salarial, licencias parentales más equitativas, servicios de cuidado asequibles y controles a la discriminación salarial. No son soluciones mágicas, pero muestran que la brecha se reduce cuando la política pública ataca la estructura, no solo el síntoma.
El impacto es tangible. Menores ingresos hoy significan pensiones más bajas mañana, menos capacidad de ahorro y mayor vulnerabilidad económica para millones de hogares. En clave social, la desigualdad salarial refuerza estereotipos y limita el acceso de las mujeres a posiciones de decisión, lo que perpetúa malas decisiones públicas sobre bienestar y empleo.
Para Johanna Gómez, la agenda debe ser ambiciosa y práctica: obligar a las empresas a publicar brechas salariales, fortalecer inspecciones laborales, ampliar la oferta pública de cuidado y promover incentivos para que los hombres asuman mayor responsabilidad en el hogar. “Las políticas que no interrumpen el ciclo del cuidado y la carrera laboral femenina no logran nada”, advierte.
Las cifras de la OCDE dejan claro que el problema no es solo cultural: requiere leyes, recursos y voluntad política. Desde la Universidad Javeriana y organizaciones de la sociedad civil urge convertir el reconocimiento del problema en medidas verificables que cambien lo cotidiano. Sin eso, la barrera seguirá siendo invisible para quienes la sufren y tangible para sus bolsillos.
