Hebrón bajo los escombros tras demoliciones ordenadas por Israel
Operativo en la Cisjordania ocupada deja familias desplazadas; autoridades justifican acción por seguridad mientras ONG y la ONU alertan sobre daños civiles
Las fuerzas israelíes demolieron varios edificios residenciales en barrios de Hebrón, en la ocupada Cisjordania, en una operación que, según el ejército, responde a medidas de seguridad tras un reciente ataque contra soldados. Reuters y Associated Press recogieron testimonios de vecinos que describen escenas de evacuaciones forzosas y casas reducidas a escombros en cuestión de horas.
Un comunicado del Ejército de Defensa de Israel (IDF) citado por Reuters señaló que las demoliciones forman parte de “acciones preventivas” contra militantes y para eliminar rutas que, aseguran, habían sido utilizadas en ataques. Sin embargo, residentes consultados por AP y agrupaciones locales como B’Tselem denunciaron que la operación no distinguió entre sospechosos y familias civiles: casas de varias generaciones quedaron inhabitables, negocios pequeños fueron destruidos y varias personas, incluidas mujeres y niños, quedaron desplazadas.
La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) advirtió en reportes recientes sobre el impacto acumulado de demoliciones y desalojos en Cisjordania, que agravan la crisis humanitaria y aumentan la vulnerabilidad de miles de personas. En Hebrón, la destrucción de vivienda significa también la pérdida de documentos, medios de subsistencia y redes comunitarias que tardan años en recomponerse.
Desde una mirada práctica: cuando una vivienda queda en escombros, no solo se pierde techo, se rompen lazos laborales, escolares y médicos. Padres que trabajaban por horas ven desaparecer ingresos, niños pierden aulas y vecinos pierden puntos de encuentro que sostienen la vida cotidiana. Así lo explicó B’Tselem en su comunicado, donde cuestiona la proporcionalidad y la legalidad de estas demoliciones colectivas.
Instituciones y expertos consultados por medios internacionales piden que cualquier acción militar respete el principio de protección de civiles y siga procesos judiciales claros. Si la intención es seguridad, dicen, deben priorizarse operaciones dirigidas, cooperación de inteligencia y medidas que minimicen el daño a familias inocentes. La alternativa —demoler bloques enteros— genera más resentimiento y alimenta ciclos de violencia.
En la ciudad, voluntarios y organizaciones locales han comenzado a documentar daños y a organizar ayudas puntuales, desde refugio temporal hasta donaciones básicas. Pero la reconstrucción y la reparación requieren más que solidaridad: hacen falta garantías legales, acceso humanitario sostenido y presión internacional para que se investiguen eventuales abusos. Así lo reclaman tanto ONG como organismos de derechos humanos citados por Reuters y AP.
Este episodio en Hebrón vuelve a poner sobre la mesa una pregunta simple y urgente: ¿cómo equilibrar seguridad y derechos humanos sin transformar barrios enteros en zonas de guerra? La respuesta pasa por transparencia, rendición de cuentas y políticas que protejan a la población civil, no que la conviertan en daño colateral.
