Inflación sorprende al subir a 3.26% en agosto y complica el alivio para las familias
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó una inflación anual de 3.26% en agosto, un dato por encima del 3% que esperaban analistas consultados por Reuters; el índice subyacente descendió a 3.88% por séptimo mes, pero sigue por encima de la meta central del Banco de México.
La noticia llegó como un “golpe de aire” en una temporada en la que muchas familias ya sentían que la cuesta de precios empezaba a ceder. Según el INEGI, la inflación general anual pasó a 3.26% en agosto, cuando varios economistas, de acuerdo con Reuters, anticipaban un número menor al 3%.
El comportamiento subyacente —que excluye alimentos y energía y mide la inflación más resistente— bajó por séptimo mes consecutivo hasta 3.88%. Sin embargo, esa desaceleración no es suficiente para garantizar alivio real: sigue por encima de la meta central del 3% que fija el Banco de México y mantiene la sensación de que el costo de la vida no termina de estabilizarse.
Para la gente en la calle la matemática es sencilla. “El frijol y el kilo de tortilla no bajan aunque digan que la inflación baja”, dice María, vendedora en un tianguis del oriente de la ciudad. Los salarios reales siguen rezagados y muchos hogares perciben que cada quincena rinde menos. Los precios de servicios y alimentos, claves para los más vulnerables, son los que más marcan la diferencia en el bolsillo.
En el terreno de la política económica, la lectura es compleja. Por un lado, la caída del índice subyacente es una buena noticia: muestra que las presiones inflacionarias empiezan a ceder de forma sostenida. Por otro, el hecho de que ese indicador permanezca por encima de la meta obliga a la Reserva central a mantener una actitud prudente. Analistas consultados por Reuters señalan que la junta de Banco de México podría mantener tasas relativamente altas hasta ver señales más claras de convergencia hacia la meta.
Desde una perspectiva crítica, los datos recuerdan que la inflación no se combate solo con la ortodoxia monetaria. Hay problemas estructurales —mercados poco competitivos en alimentos, logística ineficiente, y salarios estancados— que requieren políticas públicas activas: subsidios temporales bien dirigidos, apoyo a productores locales y medidas para reducir costos logísticos. El gobierno federal y las autoridades económicas deben coordinarse para que la política fiscal y social alivien a quienes más sufren la fluctuación de precios.
El reto inmediato es que la desaceleración no se perciba solo en cifras sino en la vida cotidiana: precios más estables, poder adquisitivo recuperado y señales claras de que la economía está en recuperación inclusiva. Habrá que vigilar el próximo reporte del INEGI y las decisiones del Banco de México, pero también exigir medidas que protejan a las familias más golpeadas, porque la inflación no se mide solo en porcentajes, sino en la capacidad de la gente para llegar a fin de mes.
Fuentes: INEGI, Reuters, Banco de México.
