Hijastro y presunto sucesor del cártel Jalisco habría comprado rancho en California por 250 mil dólares, revela New York Post
Un terreno adquirido en 2011, rentado hasta hace poco y pagado a un familiar del acusado: la historia revela grietas en la supervisión de bienes vinculados al crimen organizado.
Según una investigación del New York Post, conocido en el círculo del crimen como «El Pelón», señalado como hijastro y presunto sucesor del Cártel Jalisco Nueva Generación, compró en 2011 un rancho en California por 250 mil dólares. El mismo medio indica que la propiedad fue recientemente rentada a un entrenador de caballos que, según los documentos revisados, pagaba el alquiler a un tío del presunto narcotraficante.
Si las afirmaciones se confirman, no sería un caso aislado. Comprar bienes raíces en Estados Unidos ha sido una estrategia recurrente para blindar activos y lavar dinero. La historia de este rancho desnuda problemas concretos: registros de propiedad que permiten opacidad, controles preventivos débiles y una respuesta institucional que a menudo llega tarde y a salto de mata.
El New York Post sostiene que los registros públicos del condado muestran la transacción de 2011 y que los flujos de renta coinciden con parentescos que vinculan a la compra con la red criminal. Fuentes consultadas por el rotativo apuntan a intermediarios y testaferros como piezas clave en la operación.
Para la sociedad, esto no es solo una anécdota de prensa: los vecinos viven cerca de propiedades cuyo origen financiero es cuestionable, los negocios locales compiten en desigualdad frente a capitales opacos y el mercado inmobiliario se distorsiona cuando dólares sucios entran en juego. Además, la falta de transparencia facilita la infiltración en actividades legítimas —desde la cría de caballos hasta pequeños emprendimientos— y erosiona la confianza en las instituciones.
Las autoridades estadounidenses cuentan con herramientas —investigaciones financieras, registros fiscales y cooperación internacional—, pero estos hechos vuelven a mostrar que esas herramientas no siempre se aplican con suficiente rapidez ni alcance. En México, la dimensión política y la lucha contra los cárteles añaden complejidad: la fiscalización de patrimonios y la protección de testigos enfrentan obstáculos estructurales que requieren reformas.
¿Qué se puede hacer? Crear y fortalecer registros de beneficiario real obligatorios, acelerar la cooperación entre agencias fiscales y policiales de ambos países y proseguir con investigaciones patrimoniales que vayan más allá del titular. También hace falta mayor transparencia en las compras de tierras agrícolas y rurales, donde a veces se esconden operaciones de alto riesgo.
Esta historia, informada por el New York Post y en curso de verificación por autoridades, invita a no bajar la guardia. No basta con señalar a los presuntos responsables; es necesario cerrar las rutas legales y financieras que permiten que el crimen organizado convierta sus ganancias en propiedades tangibles. Si la política pública no corrige estas fallas, la frontera entre lo legal y lo ilícito seguirá siendo un terreno fértil para la impunidad.
Fuente: New York Post.
