Higinio promete aplicar el reglamento del Senado sin concesiones y prevé choque con la oposición

Privilegiará el diálogo, pero se apoyará en las normas del pleno para preservar el orden, advierte el próximo presidente del Senado

El senador electo para la presidencia del Senado, Higinio Martínez, dejó claro que buscará acuerdos, pero que no dudará en recurrir al reglamento para mantener el control de las sesiones. Según reportó La Jornada, Martínez insistió en que el diálogo será la primera herramienta, aunque el reglamento será la “última palabra” cuando haya intentos de obstrucción o desorden.

La advertencia abre la posibilidad de un choque institucional. La convivencia en el pleno no es un asunto técnico; afecta la discusión de propuestas que impactan el transporte público, la salud y la educación, y por tanto la vida cotidiana de millones de personas. Cuando las sesiones se convierten en escenario de bloqueos, lo que queda empantanado no es solo el espectáculo político, sino leyes que pueden mejorar salarios, escuelas o el acceso a medicinas.

En la práctica, apelar al reglamento puede significar límites más estrictos a intervenciones, sanciones a quienes infrinjan tiempos o incluso medidas para retirar la voz a quienes interrumpan. Es una herramienta necesaria para evitar el caos, pero también puede convertirse en un látigo que silencie a minorías y reduzca la deliberación pública. Organizaciones ciudadanas y académicos recordaron a La Jornada que el equilibrio entre orden y representación es frágil y requiere vigilancia.

Desde la trinchera institucional, el Senado de la República tiene la potestad de aplicar sus reglas, pero eso no exime a quienes las ejercen de responsabilidad política. La decisión de Martínez obligará a la oposición a calibrar sus estrategias: optar por la confrontación implica riesgo de sanciones; optar por la negociación puede acelerar acuerdos, pero también diluir posiciones legítimas.

Para la ciudadanía esto se traduce en dos opciones concretas. Si el reglamento se usa para agilizar discusiones, las iniciativas de bienestar social podrían avanzar con menos ruido. Si se usa para reprimir discrepancias, se corre el riesgo de aprobar reformas sin debate público suficiente, lo que empeora la calidad de las decisiones públicas.

El momento exige vigilancia activa de la sociedad civil y prensa independiente. Más allá de la retórica, el reto es comprobar con hechos si el nuevo liderazgo del Senado prioriza la transparencia, el acceso público a las sesiones y la rendición de cuentas cuando invoque el reglamento. Como apuntó La Jornada, la brújula institucional estará puesta a prueba en las próximas semanas: reglamento sí, pero sin convertir la norma en coartada para arbitrariedades.

Con información e imágenes de: informador.mx