Fin de Minurso: el sahara occidental queda al filo de la guerra

Naciones Unidas anunció este domingo 1 de noviembre el inicio del desmantelamiento de su misión para el Sahara Occidental, la Minurso, tras no lograr el Consejo de Seguridad renovar un mandato que llevaba 35 años en pie. La retirada oficial de la fuerza creada después del cese al fuego de 1991 entre Marruecos y el Frente Polisario abre un panorama inquietante: el conflicto, congelado por tres décadas, vuelve a quedar sin árbitro y el riesgo de reactivación bélica se dispara.

La Minurso fue la promesa incumplida de un referendo de autodeterminación para el pueblo saharaui. Su retirada expone dos verdades incómodas. Primero, que la comunidad internacional ha permitido durante décadas una solución de facto que favorece intereses geopolíticos y económicos por encima de los derechos políticos. Segundo, que la ausencia de observadores y mecanismos neutrales deja a la población civil —tanto en los territorios ocupados como en los campamentos de Tindouf, en Argelia— más vulnerable frente a represión, desplazamientos y crisis humanitarias.

Fuentes oficiales de Naciones Unidas admiten que la falta de consenso en el Consejo de Seguridad —donde pesan pugnas diplomáticas y prioridades regionales— fue decisiva. Marruecos sostiene su soberanía sobre el territorio; el Frente Polisario reclama la independencia y amenaza con retomar las armas si se agota la vía diplomática. Entre medias, la vida de miles de saharauis sigue marcada por el desempleo, la precariedad y la precarización de sus derechos, recuerda Amnistía Internacional en sus informes sobre la región.

El impacto trasciende lo local. El Sahel y el norte de África ya cargan con fragilidad política y flujos migratorios que afectan a toda Europa. La retirada de la Minurso puede agravar las tensiones fronterizas, aumentar la militarización y ofrecer un terreno fértil para actores que alimentan la inestabilidad. Además, están en juego recursos naturales —desde fosfatos hasta pesca— y acuerdos internacionales que han sido criticados por organizaciones como Human Rights Watch por no garantizar salvaguardias para la población saharaui.

¿Qué opciones quedan? Recuperar la vía diplomática exige liderazgo, no meras declaraciones. La Unión Africana y Naciones Unidas deben coordinar un proceso creíble con participación de la sociedad civil saharaui y observadores independientes de derechos humanos. Europa y los países con intereses económicos en la región tienen una responsabilidad clara: condicionar cualquier acuerdo al respeto de derechos fundamentales y a una solución política aceptada por la población afectada.

En última instancia, la salida pasa por reconocer que las políticas que ignoran el derecho a la autodeterminación generan violencia y sufrimiento. La retirada de la Minurso no es solo un fallo operativo de la ONU; es un espejo donde se ven las prioridades de la política internacional. Si no se actúa con urgencia, el sahara occidental puede dejar de ser un conflicto congelado para convertirse de nuevo en guerra abierta, con costos humanos que la comunidad internacional no debería permitir.

Fuentes: Naciones Unidas, Consejo de Seguridad, Frente Polisario, Amnistía Internacional, Human Rights Watch.

Con información e imágenes de: France 24