La felicitación internacional a México por la iniciativa de Ley General contra el feminicidio es un hito. Pero si algo nos han enseñado los años recientes es que las leyes, por sí solas, no resuelven la impunidad ni reparan el dolor. Detrás de cada reconocimiento hay historias concretas de mujeres y niñas que exigen justicia, de familias que no encuentran consuelo y de una sociedad que no puede permitirse la indiferencia.
De acuerdo con medios como Gob MX, López-Dóriga Digital, MILENIO y Ángulo 7, personas expertas de la ONU felicitaron a México por la iniciativa de Ley General contra el feminicidio. No es la primera vez que una norma legal mexicana recibe la atención internacional. Sin embargo, en este caso la relevancia es innegable. El feminicidio sigue siendo una herida abierta en la vida pública de nuestro país.
Pero la felicitación viene acompañada de una advertencia. Diversos medios, como El Comentario, Infobae y Yahoo, reportan que la ONU pidió a México que la nueva legislación garantice la protección de mujeres trans y trabajadoras sexuales. Es decir, que la justicia no deje a nadie fuera. Resulta fundamental subrayarlo: la lucha contra el feminicidio debe ser universal, sin distinciones ni exclusiones.
Justicia para todas, justicia real
Las demandas ciudadanas siguen presentes. En La Jornada Estado de México se relata la exigencia de justicia por Zayle, una niña de dos años víctima de violencia en Nicolás Romero. Este caso es apenas uno entre cientos que nos recuerdan que la violencia contra mujeres y niñas no es una estadística: es una tragedia cotidiana. Cada historia merece atención, diligencia, reparación y el compromiso de las autoridades para que no haya repetición.
La persistencia de la impunidad queda evidenciada también en otro tema de la semana: según reporta EL PAÍS, familiares de una de las víctimas del Axe Ceremonia llevan más de 18 meses en busca de justicia. Las familias denuncian que las empresas responsables creen que con dinero basta, como si la vida fuera reemplazable o el duelo pudiera comprarse. Mientras la justicia no llegue, los reconocimientos internacionales serán insuficientes.
Inclusión y derechos humanos
La ONU, de acuerdo con El Universal y Infobae, insiste en que la nueva Ley General contra el feminicidio debe proteger expresamente a mujeres trans y a trabajadoras sexuales. No es un simple gesto progresista: es el reconocimiento de que la violencia tiene múltiples rostros y que el Estado debe responder ante todos ellos. Además, la designación de Oscar Solera como nuevo representante de la ONU-DH en México (citada por Naciones Unidas en México y Once Noticias Digital) refuerza el mensaje de que los esfuerzos internacionales seguirán vigilando la protección de derechos humanos en nuestro país.
Este llamado a la inclusión no puede quedarse en el papel. Si la ley no reconoce la diversidad de la violencia, perpetúa la discriminación. Si no se implementa con perspectiva interseccional, muchas víctimas seguirán siendo invisibles ante el Estado. Como sociedad, debemos exigir una protección genuina que abarque a todas, independientemente de su identidad de género u ocupación.
¿Y ahora qué sigue?
Felicitar una iniciativa es solo el primer paso. El reto está en su implementación efectiva y en garantizar que la justicia llegue a cada rincón y a cada víctima. Lo que hoy celebramos como un avance legislativo debe traducirse en políticas públicas, en capacitación a autoridades, en acceso real a la justicia y, sobre todo, en una disminución tangible de la violencia.
Mi opinión es firme: la nueva Ley General contra el feminicidio debe ser una herramienta de protección para todas, sin distinción. La justicia debe dejar de ser una promesa y convertirse en una realidad cotidiana, especialmente para quienes han sido históricamente marginadas. Solo así podremos honrar la memoria de las víctimas y avanzar hacia un México más justo y seguro para todas.
Columna generada con IA. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad de su autor/a y no reflejan necesariamente la postura editorial de Día 32.

