Borges en cinco horas: el documental de Llinás que trastornó a la Mostra
Mariano Llinás, autor de filmes extensos como La Flor, volvió a empujar los límites del cine con una biografía de Jorge Luis Borges de cinco horas y media que presentó en la Mostra de Venecia. Según publicó Página/12, el director quedó desconcertado por la reacción de la platea: «nunca habíamos tenido una recepción con la calidez que vi en la sala», dijo tras la función.
Lejos de un retrato hagiográfico, la propuesta de Llinás recorre la obra, la figura pública y las contradicciones del escritor argentino con un ritmo que exige la atención del espectador. Es un ejercicio de paciencia estética: como una biblioteca que se abre lentamente, el film pretende ofrecer contexto, testimonios y material de archivo que reconstruyen tanto el génesis de los textos como las tensiones públicas que los rodearon.
La reacción del público en la Mostra es un dato político y cultural. En una época en que la exhibición comercial premia los formatos breves y el retorno inmediato, la calidez que Llinás describe habla de una demanda por experiencias cinematográficas que profundicen, que permitan pensar la cultura en compañía y a cámara lenta. También pone en evidencia un problema estructural: ¿cómo llegan obras de quince o cinco horas a los ciudadanos? La sala convencional, las ventanas de exhibición y las plataformas digitales no siempre están pensadas para ese tipo de itinerarios.
El antecedente de La Flor demuestra que Llinás no improvisa: su trabajo insiste en explorar la narración expansiva como herramienta crítica. Pero hay otra arista que el documental no puede eludir: Borges sigue siendo, para muchos, una figura incómoda. Su prestigio literario convive con debates sobre sus posiciones políticas y su recepción internacional. Que un director argentino de perfil independiente decida someterse al desafío de una larga biografía es también una invitación a repensar cómo la cultura pública afronta figuras complejas.
Desde la perspectiva cultural y de políticas públicas, propuestas así requieren apoyo institucional para llegar más allá del circuito festivalero. Instituciones como el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y las salas alternativas tienen por delante la tarea de facilitar ventanas de exhibición y programas de mediación que permitan al público aprovechar la riqueza de obras extensas. No se trata sólo de subsidios: es curaduría, acompañamiento y, sobre todo, decisión política para sostener un cine que interpela.
Si la calidez que Llinás percibió en Venecia se confirma en otras paradas, la película puede convertirse en un gesto cultural relevante: una invitación a leer a Borges de nuevo, a discutir su legado con más matices y a defender espacios donde el pensamiento y la contemplación no estén sometidos a la velocidad del mercado. Según Página/12, el documental continuará su recorrido por festivales y circuitos especializados; resta ver si la infraestructura cultural argentina estará a la altura para recibirlo.
