Cfe prevé 16.6% más apagones en 2030; la factura la pagarán hogares y negocios

La proyección contempla una tendencia ascendente en las suspensiones del suministro eléctrico y abre dudas sobre inversión, mantenimiento y protección social.

La Comisión Federal de Electricidad (CFE) anticipa que las interrupciones del servicio eléctrico aumentarán 16.6% hacia 2030. Esa cifra, que la propia CFE incorpora en sus proyecciones operativas, no es un dato técnico aislado: significa más noches sin luz, pérdidas para pequeños comercios y mayor vulnerabilidad para quien depende de equipos médicos en casa.

Detrás del número hay factores concretos. Por un lado está la infraestructura: redes y subestaciones con años de vida que requieren mantenimiento constante. Por otro, la presión de la demanda, impulsada por mayor uso de aire acondicionado, la electrificación del transporte y la digitalización de la economía. A esto se suma la más reciente variabilidad climática —olas de calor e intensas tormentas— que provoca picos de consumo y daños en líneas de distribución. La mezcla es combustible para interrupciones más frecuentes.

Que la CFE proyecte un incremento de 16.6% obliga a preguntarse por las decisiones públicas de los últimos años. El país ha alternado prioridades entre fortalecer la generación centralizada y promover esquemas de energía distribuida. Además, episodios de subinversión en mantenimiento han sido recurrentes. La Secretaría de Energía y la propia Comisión Federal de Electricidad tienen la responsabilidad de explicar cómo se están destinando recursos a modernizar la red y a proteger a los usuarios más vulnerables.

El impacto es tangible: una familia puede perder alimentos por un apagón prolongado; una microempresa puede ver reducirse a la mitad su venta diaria si se va la luz en horas punta; centros de salud rurales, con generadores limitados, quedan expuestos. Las interrupciones no son sólo una molestia técnica, son un golpe al bolsillo y a la seguridad de comunidades enteras.

No todo es mala noticia ni aplauso al statu quo. Algunas soluciones son conocidas y viables: incrementar la inversión en mantenimiento y automatización de la red, diversificar fuentes con esquemas de generación local —paneles solares comunitarios, almacenamiento distribuido— y mejorar la transparencia de la CFE sobre tiempos de respuesta y planes de contingencia. También hacen falta mecanismos de compensación claros cuando la falta de servicio provoca pérdidas económicas a usuarios y negocios.

La realidad política pesa. Las decisiones sobre prioridades presupuestales y contratos de operación pueden acelerar o frenar esas medidas. Aquí el debate público importa: la sociedad debe exigir planes con metas, calendarios y montos precisos para modernizar la infraestructura eléctrica, y las autoridades deben rendir cuentas sobre resultados, no sobre promesas.

Si la proyección de la CFE se confirmara, el reto no será sólo técnico sino social y político. Hacer frente al incremento de apagones requiere combinar inversión sostenida, participación ciudadana y políticas que prioricen el bienestar sobre atajos administrativos. De lo contrario, el 16.6% de incremento en 2030 terminará siendo, en buena medida, la suma de decisiones que no se tomaron hoy.

Fuente: Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Con información e imágenes de: informador.mx