Apaga por la noche lo que te está robando luz y dinero

Un pequeño gesto doméstico puede traducirse en ahorro real. Hay aparatos que consumen energía aún cuando parecen apagados; desconectarlos por la noche es una medida sencilla que ayuda a las familias y apunta a problemas más amplios del mercado eléctrico.

La llamada «energía fantasma» o consumo en espera no es una anécdota técnica: según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el consumo en standby puede representar entre el 5% y el 10% de la electricidad de una vivienda. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recuerda además que ese gasto invisible se traduce en decenas de euros al año en la factura de quienes más apuran su presupuesto.

En práctica, los culpables son cotidianos. Televisores y decodificadores que mantienen el reloj encendido, consolas y reproductores que no se apagan totalmente, routers y repetidores wifi que funcionan 24 horas, altavoces inteligentes y cargadores de móviles y cepillos eléctricos que quedan enchufados consumen pequeñas corrientes que se suman. Un microondas con pantalla, una lámpara con transformador o una regleta que no se corta del todo pueden ser goteras en la economía doméstica.

¿Qué puede hacer la gente ahora mismo? Desenchufar cargadores y electrodomésticos cuando no se usan, conectar equipos a una regleta con interruptor y apagarla por la noche, o programar temporizadores en aparatos que no necesitan estar activos 24 horas. Los enchufes inteligentes con contador ayudan a identificar consumos y a automatizar el apagado, y sustituir aparatos muy antiguos por modelos eficientes reduce la pérdida de energía. Son medidas sencillas, de bajo coste y alto impacto para familias que buscan recuperar poder adquisitivo.

Pero no basta con responsables individuales. La estructura tarifaria y la política energética condicionan el incentivo real para ahorrar y renovar equipos. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia y el IDAE han señalado que hace falta más claridad en las etiquetas energéticas, campañas públicas sostenidas y ayudas para hogares vulnerables. Sin esas medidas, la carga recae desproporcionadamente en quienes menos recursos tienen.

Hay espacio también para iniciativas locales: municipios pueden incorporar asesoría energética gratuita, fondos sociales para cambiar electrodomésticos y campañas de información prácticas. Las compañías comercializadoras deben facilitar información desagregada del consumo a sus clientes y ofrecer soluciones simples, como tarifas que premien hábitos de consumo responsables sin dejar atrás a las personas en situación de pobreza energética.

Apagar por la noche no es solo ahorrar unos euros; es recuperar control sobre algo que parecía inevitable. Como advierten IDAE y OCU, son pequeñas decisiones cotidianas con impacto real, y también una señal para exigir políticas públicas que acompañen a las familias en la transición hacia un consumo más justo y eficiente.

Con información e imágenes de: informador.mx