Una semana sin pistas: dónde está Hugo Alejandro Hernández en la BUAP
Hace siete días que la comunidad universitaria y la familia de Hugo Alejandro Hernández viven con una pregunta que pesa como una losa: ¿dónde está? Según los padres, en las jornadas de búsqueda su mochila fue hallada sobre el río cercano al parque donde se le vio por última vez, un hallazgo que alimenta más dudas que certezas sobre lo ocurrido.
La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y la Fiscalía General del Estado de Puebla informaron que se desplegaron protocolos de búsqueda y que se recaban testimonios y grabaciones. Aun así, hasta ahora no hay líneas firmes de investigación ni detenciones, y la familia denuncia falta de avances concretos en estas primeras 168 horas. La información proporcionada por los padres y las instituciones señala un contraste entre el esfuerzo visible y la ausencia de resultados.
El hallazgo de la mochila, relatado por los progenitores, obliga a responder preguntas básicas: ¿fue parte de un extravío, un accidente o algo más grave? ¿Por qué no existen registros claros en las cámaras de la zona que permitan reconstruir el trayecto? Estas lagunas apuntan a fallas en la prevención y en la coordinación entre la seguridad universitaria y las autoridades estatales.
La BUAP, en tanto fuente institucional, ha reiterado su disposición a colaborar, pero también enfrenta críticas por la seguridad en espacios verdes y accesos donde estudian y conviven miles de jóvenes. Familias y alumnos reclaman mayor iluminación, más patrullaje y rutas seguras que reduzcan la sensación de vulnerabilidad. Esa demanda se apoya en la lógica elemental: la prevención cuesta menos que la angustia social y la pérdida de confianza.
Para la Fiscalía, la prioridad es consolidar pruebas y testimonios que permitan avanzar. Sin embargo, quienes conocen casos similares advierten que el tiempo juega en contra: la recolección tardía de pruebas, la contaminación de escenas y la falta de cámaras en puntos clave dificultan esclarecer lo ocurrido. La situación requiere, además de peritajes, transparencia sobre el estado de las pesquisas para evitar rumores y desinformación.
La familia de Hugo Alejandro hace un llamado público: piden a cualquiera que tenga información que se presente, y exigen mayor comunicación entre autoridades y comunidad universitaria. Este reclamo no es solo doloroso, también es legítimo; la participación ciudadana y la presión pública han sido determinantes en otros procesos para mantener activas las investigaciones.
En una ciudad donde las decisiones sobre seguridad pública y recursos universitarios se traducen en vidas, la ausencia de resultados en el caso de Hugo Alejandro obliga a repensar prioridades. No se trata únicamente de lamentar lo sucedido, sino de exigir políticas que protejan a quienes estudian y trabajan en la BUAP: protocolos efectivos, cámaras en puntos estratégicos, coordinación real entre la universidad y la Fiscalía y programas de prevención que incluyan a la comunidad.
Mientras tanto, la mochila sobre el río sigue siendo una pista con más preguntas que respuestas. Las fuentes en este caso son la propia familia de Hugo Alejandro, la BUAP y la Fiscalía General del Estado de Puebla, cuyos pasos deberán ser vigilados por la sociedad para que el silencio no se convierta en impunidad.
Redacción basada en declaraciones de la familia, la BUAP y la Fiscalía General del Estado de Puebla.
