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Aval legislativo deja impunes multas a grandes contribuyentes

La mayoría en San Lázaro aprobó una reserva que, en la práctica, perdona multas, recargos y gastos derivados de créditos fiscales a grandes contribuyentes. Según el registro de la Cámara de Diputados, la modificación permite eximir a empresas con adeudos millonarios de sanciones que normalmente aplicarían el Servicio de Administración Tributaria y la Secretaría de Hacienda.

Para la ciudadanía esto no es un asunto abstracto. Cuando grandes deudores obtienen condonaciones, el peso recae sobre las pequeñas y medianas empresas y sobre los servicios públicos que dependen de la recaudación. Pequeños comerciantes que han enfrentado auditorías y multas menores relatan que pagan salarios, renta y tributos sin alivios; ahora ven cómo se abren atajos para actores con mayor capacidad de influir en pasillos legislativos.

Organizaciones de la sociedad civil y expertos fiscales han advertido sobre el riesgo moral: perdonar sanciones reduce el incentivo para cumplir y fortalece la percepción de impunidad para quienes disponen de recursos para litigar o negociar. Consultores tributarios que hablaron con este diario señalaron que el mecanismo aprobado facilita acuerdos retroactivos que no transparentan ni justifican el monto ni el origen de las exenciones.

Desde el punto de vista técnico, la reserva aprobada habilita la cancelación de recargos y gastos por la vía administrativa, sin que necesariamente pase por procedimientos judiciales o auditorías exhaustivas. Para la Secretaría de Hacienda esto puede traducirse en menor recaudación inmediata; para gobiernos locales, en menos recursos para salud, educación e infraestructura.

Las bancadas opositoras en la Cámara de Diputados criticaron la medida, advirtiendo que se trata de un trato preferencial. Diputados y diputadas que se manifestaron en contra exigieron transparencia y auditorías públicas. La respuesta oficial ha sido argumentar que se busca “resolución expedita de controversias fiscales” y evitar litigios prolongados, pero no se han ofrecido cifras claras sobre cuánto dejaría de ingresar al erario.

El impacto político y social no es menor. Más allá de la pérdida fiscal, está el mensaje: la ley puede abrir puertas diferentes según el tamaño del contribuyente. Esa percepción erosiona la confianza en las instituciones y en el sistema tributario, clave para la redistribución y el financiamiento de programas sociales.

Hay alternativas que organismos como la Cámara de Diputados podrían considerar para corregir el rumbo: condonar sólo cantidades insignificantes, exigir mayor transparencia en los acuerdos, publicar las listas de beneficiarios y evaluar el costo-beneficio real antes de aprobar exenciones. También es urgente fortalecer la capacidad del SAT para auditar a los grandes contribuyentes y evitar soluciones de corto plazo que beneficien a unos pocos.

En la calle, la medida alimenta descontento. Comerciantes y trabajadores ven cómo las reglas se flexibilizan para los poderosos mientras la vida cotidiana exige cumplimiento estricto de obligaciones. Si la política fiscal pretende servir a la mayoría, una salida democrática sería abrir el expediente, explicar números y permitir que la ciudadanía y sus representantes controlen estos privilegios.

Fuentes consultadas: Cámara de Diputados, Servicio de Administración Tributaria y organizaciones de sociedad civil especializadas en transparencia fiscal.

Con información e imágenes de: Reforma