Pisa alerta sobre la lectura: pantallas e inteligencia artificial ponen en riesgo la comprensión

PISA y la OCDE han encendido una luz roja sobre un problema que va más allá de cuántos libros se leen. En América Latina la media es de cinco libros al año por habitante, pero el diagnóstico reciente es claro: la comprensión lectora entre estudiantes de 15 años muestra un deterioro que la OCDE califica de «especialamente preocupante». La lectura ya no es solo un hábito cultural, es la base de casi todo aprendizaje escolar, y está fallando.

El informe de PISA señala varios factores: el uso masivo de pantallas, la llegada de herramientas de inteligencia artificial al aula y cambios en la relación entre alumnos y escuela tras la pandemia. Son elementos que han modificado la forma en que los jóvenes consumen información. Leer se parece hoy más a navegar entre ventanas y resúmenes que a detenerse a comprender contextos, argumentos y matices.

Esto tiene consecuencias concretas. Un alumno que no comprende bien un texto tiene más dificultades para aprender historia, ciencias o matemáticas. El problema no es solo académico; es social y económico. Menos comprensión lectora reduce la capacidad crítica, limita el acceso a empleos de calidad y debilita la participación ciudadana. La OCDE advierte que, sin intervención, las brechas se ampliarán.

Las pantallas no son enemigas por sí solas. Ayudan a acceder a contenidos y pueden enriquecer la enseñanza. El error institucional ha sido convertirlas en sustituto de estrategias pedagógicas sólidas sin formar a los docentes ni crear criterios claros de uso. En algunos centros escolares, según profesores y directores consultados por este medio, las tareas digitales se han vuelto sinónimo de «hacer algo» sin garantizar que ese «algo» construya comprensión.

La inteligencia artificial introduce un nuevo desafío. Herramientas que generan resúmenes y respuestas automáticas pueden fomentar la pereza intelectual si no se acompañan de enseñanza sobre verificación, interpretación y ética. Rechazarlas no es la respuesta; regular su uso y enseñar a usarlas críticamente sí lo es.

¿Qué debe hacer la política pública? Primero, invertir en formación docente para transformar el uso de pantallas en lectura profunda: estrategias de lectura guiada, preguntas que obliguen a justificar respuestas y actividades que conecten textos con la vida cotidiana. Segundo, reforzar bibliotecas escolares y comunitarias como espacios de encuentro. Tercero, diseñar protocolos para el uso educativo de la IA, centrados en evaluación auténtica y en desarrollar pensamiento crítico.

El reto es grande pero no irreversible. La lectura se recupera con tiempo, políticas coherentes y recursos. Si no actuamos, la escuela corre el riesgo de convertirse en un escaparate de aparatos sin enseñar a interpretar el mundo que esos aparatos muestran. Como dice el informe de la OCDE, leer bien es aprender mejor. Eso debería ser una prioridad pública y comunitaria.

Fuente: OCDE / PISA.

Con información e imágenes de: France 24