Participación récord deja a Israel atrapado en un empate incierto entre Eisenkot y Netanyahu

Las encuestas a pie de urna y el conteo inicial dejan más preguntas que respuestas; la alta movilización ciudadana complica la formación de gobierno y subraya el desgaste del sistema político

El resultado de las elecciones parlamentarias seguía sin despejarse la mañana del miércoles 28 de octubre. Según el Comité Central de Elecciones de Israel, la participación alcanzó el 77,7%, la más alta en más de dos décadas, pero las encuestas a pie de urna difundidas por Kan y Channel 13 y recogidas por Haaretz mostraban un empate técnico entre el bloque del exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot y el del primer ministro Benjamin Netanyahu.

Ese empate no es sólo una curiosidad estadística: es la fotografía de un país polarizado que, pese a la movilización masiva, no encontró una mayoría clara. Ambos bandos quedaron lejos de asegurar los 61 escaños necesarios para formar gobierno, y la ausencia de un camino evidente hacia una coalición estable abre la puerta a semanas de negociaciones, cesiones y presión de pequeños partidos que serán, de nuevo, los verdaderos arbitros del poder.

El trasfondo es conocido. Para muchos votantes que acudieron a las urnas, según análisis publicados en Haaretz, la elección era una enmienda a la gestión política y social de los últimos años: la economía con precios que aprietan a las familias, la crisis en los servicios públicos y la tensión sobre la independencia judicial que ha dividido a la sociedad. La alta participación refleja que una porción importante de la ciudadanía decidió no quedarse al margen, pero tampoco garantizó una solución clara.

En juego estará no solo quién ocupa el despacho del primer ministro, sino el rumbo de políticas que afectan lo cotidiano: acceso a la vivienda, presupuesto para salud y educación, y la protección de derechos civiles. Un gobierno frágil, sujeto a concesiones con facciones ultraconservadoras o religiosas, podría recortar derechos sociales o reforzar políticas que dividan aún más al país. Por otro lado, la fragmentación puede impulsar acuerdos pragmáticos centrados en servicios y estabilidad económica si los líderes optan por priorizar el bienestar ciudadano antes que la revancha política.

Los pequeños partidos vuelven a cobrar protagonismo. Los bloques árabes, los grupos sionistas religiosos y las formaciones centristas se perfilan como decisores. Esa realidad obliga a los líderes a negociar no sólo programas, sino puestos y concesiones difíciles de vender a un electorado hastiado de pactos opacos. El presidente de Israel tendrá la tarea institucional de dar el mandato para intentar formar gobierno, una misión que, por la aritmética, promete ser compleja y prolongada.

Analistas consultados y citados por Haaretz advierten que el empate técnico podría traducirse en inestabilidad legislativa y en una parálisis para decisiones urgentes, desde la aprobación de presupuestos hasta medidas sociales necesarias. También subrayan el riesgo de que la política del «todo o nada» impregne las negociaciones, poniendo en segundo plano reformas estructurales que verdaderamente alivien la vida cotidiana de la mayoría.

La jornada electoral dejó, además, lecciones claras: la ciudadanía está dispuesta a movilizarse cuando percibe que lo que está en juego afecta su día a día; los sistemas de partido siguen fragmentados y sin liderazgos capaces de construir mayorías amplias; y la transparencia en el conteo y la comunicación oficial será determinante para preservar la confianza pública. El Comité Central de Elecciones continuará publicando resultados oficiales en las próximas horas, y solo entonces se sabrá con certeza quién tiene la primera oportunidad de formar gobierno.

Mientras tanto, el país afronta la incógnita con una sensación ambivalente: orgullo cívico por la alta participación y preocupación por la posibilidad de una nueva etapa de ingobernabilidad. Para los ciudadanos, la pregunta inmediata es práctica y directa: ¿quién podrá gobernar con la mirada puesta en mejorar la salud pública, la educación y el bolsillo familiar, y no solo en ganar la pulseada política?

La respuesta dependerá de la capacidad de los partidos para anteponer políticas públicas al juego de poder. Si no lo hacen, el empate de hoy puede convertirse en la oportunidad perdida que la sociedad esperaba que estas urnas resolvieran.

Fuentes: Comité Central de Elecciones de Israel; encuestas a pie de urna de Kan y Channel 13, análisis en Haaretz.

Con información e imágenes de: France 24