Lula gana y los mercados se reacomodan: quién gana y quién pierde

Por: [Nombre del periodista]

Los operadores que apostaban por una victoria de Flávio Bolsonaro se llevaron una sorpresa cuando Luiz Inácio Lula da Silva logró imponerse en el balotaje. La reacción fue inmediata: el dólar retrocedió en la jornada del 27 de octubre después de haber subido más de ocho puntos porcentuales en la víspera, según reportó Reuters. Esa montaña rusa resume la sensación que hoy domina en São Paulo y en los despachos financieros del mundo: alivio puntual, dudas a medio plazo.

¿Quién gana? En primera fila aparecen los hogares de menores ingresos y los beneficiarios de las políticas sociales. El historial de Lula, documentado por medios como Folha de S.Paulo y Valor Econômico, muestra prioridad en programas de transferencia y en la reactivación del consumo interno. Un rebote en la demanda puede traducirse en más ventas para comercio y pequeñas industrias, y en alivio para familias que aún sienten la inflación en el bolsillo.

Los sectores que apuestan por continuidad institucional también se benefician. Si el presidente confirma que respetará la autonomía del Banco Central, como lo ha insinuado en el pasado, los mercados financieros y los inversionistas internacionales podrían calmarse. Bloomberg destacó que gran parte del ajuste inicial en los precios vino por la revisión de expectativas, no por cambios inmediatos en política económica.

¿Quién pierde? Los especuladores que habían puesto sus fichas en una agenda neoliberal de privatizaciones y recortes rápidos encontrarán menos terreno favorable. Algunos inversores en activos de riesgo y ciertos segmentos de la élite empresarial pueden enfrentar mayor incertidumbre sobre impuestos y gasto público. Además, sectores que exigen menos regulación sobre tierra y explotación de recursos naturales observan con nerviosismo cualquier intención del gobierno de fortalecer controles ambientales o demarcar áreas indígenas.

No es todo blanco o negro. Analistas consultados por Reuters recuerdan que la política económica de Lula ha combinado pragmatismo con políticas sociales: existe margen para acuerdos que tranquilicen a los mercados sin sacrificar programas sociales. Pero la tensión entre la necesidad de consolidar las cuentas públicas y la demanda social es real. El riesgo fiscal, apuntan expertos, será el termómetro que dicte la confianza a mediano plazo.

En la calle, la victoria despierta esperanzas y recelos: trabajadores celebran la posibilidad de mayores apoyos, mientras que pequeños empresarios temen impuestos o más regulación. En los puertos de exportación, los comerciantes de commodities vigilan precios internacionales; para ellos, la estabilidad macroeconómica es clave.

Lo cierto es que el triunfo de Lula abrió una nueva fase en la que ganadores y perdedores se decidirán en las políticas concretas que presente su cuarto mandato. Como escribe Valor Econômico, el mercado ya pasó del pánico inicial a un ajuste cauteloso: ahora espera señales claras, no promesas. Y la ciudadanía, que será la que finalmente mida el impacto en su día a día, exige respuestas rápidas sobre empleo, salud y costo de la vida.

Con información e imágenes de: France 24